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47. *Ego activo y ego pasivo*

# *Ego activo y ego pasivo*

El ego activo resulta fácil de reconocer. La gente con un ego activo se comportará de manera prepotente; afirmarán abiertamente su engreimiento; no se doblegarán ante la gente; se mostrarán altivos. En realidad, para un maestro es muy fácil lidiar con un ego así. ¡Solo necesita machacarlo unas cuantas veces para quebrarlo!

Una anécdota:

Un hombre perdió toda su fortuna jugando y se vio reducido a ser casi indigente. Un día se acercó a un restaurante de carretera y se sentó a una mesa para desayunar.

El camarero se acercó para tomar la comanda.

El hombre se sorprendió. El camarero era un viejo amigo que había sido tan rico como él antes.

Le miró y dijo: «¡Estás de camarero en esta especie de restaurante!».

El amigo contestó: «Solo soy el camarero. No como aquí».

¡El ego activo es fácil de reconocer! Una persona con un ego activo no estará dispuesta a soltarlo aunque se quede sin el resto de sus defensas, como dinero, riquezas, etc. El ego activo puede podarse con facilidad.

Pero el ego pasivo es muy sutil y astuto. Quienes tienen un ego pasivo pasarán por ser muy humildes, carente del valor para enfrentarse a la gente, negándose a atribuirse el mérito de algo, etc. ¡Y lo peor es que creen que son así porque no son egoístas! Lo cierto es ¡que son más egoístas que los del otro grupo! Protegen cuidadosamente a su ego para que no resulte herido haciéndose pasar por humildes.

Cuando mantengas una profunda atención y comprensión, serás un mero observador de tu ego, y en ese estado, automáticamente, dejarás de necesitar ser humilde o egoísta; no te atribuirás el mérito ni tampoco te lo negarás; simplemente serás. Eso es todo. Cuando alguien te aprecie o te atribuya algún mérito, simplemente sintonizarás con la Existencia y lo dejarás así, eso es todo. No habrá necesidad de comparar o afirmar nada.

Así que tenlo muy claro: muy a menudo, la gente cree que el ego activo es el único tipo de ego presente. No. Hay algo llamado el ego pasivo, con el que es más difícil tratar.

Las personas con un ego activo son como una rama seca y endurecida. Si les das un golpe se romperán. Las que cuentan con un ego pasivo son como una ramita fresca y verde. Cada vez que el ego recibe un golpe, ¡se doblan pero no se parten! Su ego está tan bien protegido que resulta difícil lidiar con él. En realidad, se esfuerzan mucho en protegerlo, pero una manera suave y pasiva. El ego pasivo es más peligroso que el activo.

Por ejemplo, ahora te encuentras conmigo en esta clase. En ti deben estar surgiendo muchas preguntas. ¿Las aireas de manera espontánea? No. Las manipulas en tu interior y finalmente las reprimes. Las manipulas porque temes parecer un tonto. No quieres dar la impresión de ser tonto, así que no preguntas. Estás protegiendo tu ego. Es distinto cuando tus preguntas se disuelven en mi presencia. Pero aquí lo que haces es suprimir tus preguntas.

Te preocupan mucho las reacciones y opiniones de los demás sobre ti. El ego es tu apoyo y sostén. Si recibe una sacudida, te sientes a la deriva. Así que con el pretexto de mostrarte sumiso, te quedas tranquilo. Pierdes una oportunidad más de exponer tu ego en presencia del maestro. Pierdes la oportunidad de dar un paso hacia la floración.

Permite que te diga una cosa: todas las preguntas acaban siendo ridículas. No pienses ni por un instante que algunas preguntas y por lo tanto algunos interpelantes son más listos que el sabio. Cuando tiene lugar la comprensión profunda, las preguntas se disuelven por sí mismas. Esa es la auténtica sabiduría. En cualquier caso, todos nos mostramos cautelosos para proteger al ego.