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34. *Eres único*

# *Eres único*

Cuando no comprendes el potencial con el que has sido bendecido, cuando no has descubierto que te bastas a ti mismo, automáticamente dejas de sentir confianza en lo que hay en tu interior y empiezas a seguir a otros.

Dice el Buda: «Nada existe que no sea relativo». Imagina que fueses la única persona en un nuevo planeta. ¿Dirías que eres alto o bajo? ¿Feo o guapo? ¿Rico o pobre? ¡Dime, dime! No puedes decir nada sobre ti, ¿a que no? ¡Simplemente serías ! ¡Eso es todo! Comprende que esa es la verdad aunque estés en este planeta.

Cada individuo es único. ¿Puedes compara un león con un caballo? ¿Es que nos comparamos con flores, pájaros o montañas? Simplemente disfrutamos de su belleza. ¿Por qué no puedes observar y disfrutar de otros seres humanos de esa manera?

Aunque los seres humanos parecen iguales, cada uno es único y recorre un camino diferente. Mientras recorras tu camino con total concentración, experimentarás satisfacción a cada minuto. Ni siquiera sabrás lo que significa observar el recorrido de otro.

Una anécdota:

Un hombre conducía por la oscura calle de un pueblo, donde no había farolas.

Así que decidió seguir al coche que le precedía para ir sobre seguro. Continuaron así durante un rato hasta que de repente el coche de delante se detuvo.

El hombre del coche de atrás continuó en marcha y se estampó contra la parte trasera del otro.

«¿Por qué no señaló que iba a detenerse?», gritó.

El conductor del primer coche asomó la cabeza y preguntó: «¿Dentro de mi propio garaje?».

Si te concentras en tu propio recorrido progresarás continuamente, aumentando tu propia capacidad. Es necesario que te compares sólo contigo mismo, nunca con los demás. Has de ganarte a ti mismo solo por ti mismo, no a través de otros. Cada minuto que pasas comparándote con los demás es una pérdida de tiempo en tu propio progreso.

Otra anécdota:

Un hombre corría una carrea de 1.000 metros.

Tras recorrer 200 metros, miró atrás y vio al resto de los corredores tras él. Así que continuó corriendo muy feliz.

Al cabo de 500 metros, volvió a echar la vista atrás y se sintió feliz de seguir el primero, y siguió corriendo.

Cada pocos metros repetía la operación y acabó ganando la carrera.

Si el hombre no hubiera mirado hacia atrás y se hubiese concentrado únicamente en correr más deprisa, hubiera ganado la carrera con un tiempo muy inferior. ¡Podría incluso haber establecido un nuevo récord! De la misma manera, si en nuestras vidas nos concentramos totalmente en nuestro propio progreso en lugar de en el ajeno, podremos actualizar todo nuestro potencial.

No dejamos de hablar acerca de ahorrar petróleo, agua y electricidad. ¿Y qué tal si ahorrásemos nuestra propia energía? ¿Y si utilizásemos nuestra propia energía de manera adecuada? Si utilizamos toda nuestra energía para nuestra propia expansión, imagina lo que podríamos lograr.

La cuestión acerca de comparar radica en que siempre te cuantificas desde el eslabón más débil en ti mismo o en tu desempeño. Ese es el problema. Nunca te midas a partir del eslabón más débil. No debes ser egoísta y afirmar ser algo grande. Pero puedes tener algo de respeto por ti mismo y comprender que eres único en ti mismo. De ese modo no tendrás necesidad de evaluarte.

Cuando tienes respeto por ti mismo, aprecias que cada persona es única y que no tiene sentido compararse. ¡Ese es también el primer paso para sentirse agradecido por ser!

Una anécdota:

En una ocasión un rey acudió a un maestro para obtener ciertos poderes mágicos, para así ser más poderoso que los reyes vecinos.

Se sentó frente al maestro y empezó a explicarle el motivo de su visita.

El maestro escuchó pacientemente al rey.

Luego le indicó que se dirigiese al jardín, donde un rosal y un cactus crecían uno junto al otro. Le dijo: «Ellos son tus maestros. Ellos pueden enseñarte lo que necesitas aprender».

El rey entró en el jardín, vio ambas plantas y no llegó a comprender qué debía aprender de ellos.

Regresó donde el maestro y preguntó: «¿Qué quiere decir, maestro? No acierto a comprender cómo pueden enseñarme».

El maestro le llevó hasta las plantas y le explicó: «Este cactus lleva muchos años junto al rosal. Nunca aspiró a convertirse en rosal.

De igual manera, el rosal nunca aspiró a convertirse en cactus. Se dedicaron a sus cosas relativas a crecer y florecer. Si un hombre fuese el cactus, se habría comparado con la rosa y sentido celoso de la atención que la rosa recibía de parte de la gente. O si fuese la rosa, hubiese sentido envidia del cactus pensando en lo tranquilo que estaba ¡sin la tortura de que la gente arrancase tus flores durante todo el día!».

El maestro dijo: «¡Ese es el poder mágico más potente que puedes conseguir!».

Ambas plantas prosperaron porque destinaron toda su energía a su propio crecimiento. No invirtieron ni una pizca de energía en analizar el crecimiento de la otra.