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32. *¡Deja de tomar prestados deseos!*

# *¡Deja de tomar prestados deseos!*

Cuando le hablo a la gente sobre la cola de antes, me dicen: «Swamiji, es mejor no mirar a ningún lado de la cola». Y yo les pregunto: «¿Por qué? ¿Por qué temes mirar?». El hecho que temas mirar demuestra que estás huyendo de tu propia mente. Si puedes mirar sin que te afecte lo que ves... ¡Es que has encontrado la manera adecuada!

Cuando puedas mirar a todas partes, a lo que posees y lo que poseen otros y sentirte satisfecho todo el tiempo, entonces no te importará.

No uso la palabra «satisfecho» a propósito. La gente suele decir: «Aprende a estar satisfecho». Pero nunca puedes aprender a estar satisfecho. La satisfacción florecerá cuando comprendas la existencia negativa del comparar y los celos. Florecerá cuando sientas una profunda gratitud por lo que se te otorga a cada minuto. No puede imponerse desde fuera.

Cuando estés a solas en tu casa, creerás que basta con tener coche y casa propios . Te sentirás relajado al pensarlo. Sentirás momentos de gratitud y satisfacción. Al cabo de un rato, sales de casa, tomas el coche y te paras en un semáforo... ¿Y qué pasa? Un Mercedes Benz se detiene junto a tu coche... y tu pensamiento lo repasa mentalmente. Empiezas a pensar que tu coche no es lo suficientemente bueno. Empieza a pensar que es hora de que te compres un coche nuevo, o un Mercedes Benz.

Pocos minutos antes estabas tan contento con tus propias cosas. ¿Qué ha pasado? Empezaste a desarrollar un nuevo deseo, un «deseo prestado». Has de tener claro que no se trata de tu propio deseo. Es el deseo del propietario del Mercedes. Así es cómo se desarrollan los pensamientos ajenos en tu mente, como un resultado del comparar y los celos.

Tomemos otro ejemplo: tal vez nunca hayas sentido la necesidad de tener un frigorífico en tu casa, pero si el vecino compra uno, ¡de inmediato sentirás que no puedes pasarte sin uno! No tardarás en descubrir todas las razones del mundo por las que necesitas un frigorífico. ¡Aunque hasta el momento te las apañaste sin él! Si no ha cambiado nada, ¿qué fue lo que sucedió? Tu mente se metió en las comparaciones.

Los deseos prestados aparecen de manera tan sutil en nuestra mente que aunque llegan continuamente, ¡nosotros no hacemos sino asegurar que no nos preocupa lo que hagan los demás!

Una anécdota:

Un hombre regresó a su barrio al cabo de casi 10 años.

Dio una vuelta por el mismo con un amigo.

Le sorprendió observar muchos cambios en el lugar.

Y le comentó al amigo: «¡La prosperidad ha cambiado el rostro de todo el barrio!».

El amigo contestó: «No, no ha sido la prosperidad sino los celos».

Nos pasamos el tiempo intentando ganar a los demás. Cuando corres tras deseos tomados prestados, nunca paras, porque cuando estás a punto de alcanzar uno, de repente aparece otro desde otro lugar ¡y te vuelves a poner en marcha!

No dejas de correr porque no estás centrado en ti mismo sino en algo externo. Tu centro está en otra gente. Y su centro está en otro sitio, ¡no en su interior! Imagina cuánto has de correr, ¡cuánto has de estirar y aflojar dependiendo del vaivén de los pensamientos descentrados y las emociones! Te conviertes en una marioneta.

Te digo que cada vez que quieras algo te sientes tranquilamente y pienses si realmente lo quieres o si lo quieres porque lo tiene alguien. Realiza un análisis honesto de cada uno de tus deseos cuando asomen. Deja de lado todos tus problemas de prestigios y lleva a cabo un autoanálisis. Si no puedes dejar de lado tu prestigio cuando estás a solas, ¿cómo podrás dejarlo de lado cuando estés con gente?

Si pudieras realizar únicamente tus deseos, tendrías una muerte pacífica, llena de satisfacción, aunque mueras en la calle. Si vives una vida llena de deseos prestados, nunca acabarás de conseguir una verdadera satisfacción y aunque vivas en una casa de mármol, tendrás una muerte prolongada, estirando y aflojando, incapaz de liberarte de tus deseos insatisfechos.

En el jainismo existe la creencia de que cuando naces, todos los alimentos y la energía que necesitarás durante tu vida llegan contigo. Es una manera de decir que la Existencia te equipa con la energía de satisfacer todas tus verdaderas necesidades en esta vida incluso antes de enviarte al planeta Tierra.

Pero cuando empiezas a utilizar esa energía para realizar deseos prestados, empiezas a sentir que no se te ha dado nada; que no tienes suficiente. Te sientes cansado, agotado y frustrado porque no pasa nada.

Existe una diferencia entre necesidades y antojos. Tus necesidades ya se tienen en cuenta. Es posible satisfacer tus necesidades, pero es imposible satisfacer tus antojos porque cambian continuamente.

Por ejemplo: digamos que vas a la tienda a comprar un ventilador para tu casa. Pero de camino te encuentras con amigos en la calle, que te dicen que van a comprar algunas cosas en otras tiendas. De inmediato te sientes tentado a acompañarles de compras y cambias tus planes para ir a comprar con ellos. ¡Luego descubres que no te queda suficiente dinero para comprar el ventilador!

En algunos lugares de la India hay domadores de monos que se ganan la vida con ello.

Llevan un palo con ellos y lo utilizan para amenazar a los monos para que hagan lo que les dicen.

Sacuden el palo y gritan: «¡Baila Rama, Baila!» ¡Y el mono baila!

Luego dicen: «¡Da volteretas, Rama! ¡Da volteretas!». Y el mono da volteretas.

El mono simplemente baila al ritmo del palo.

De la misma manera, nosotros permitimos que el palo de la comparación dirija nuestras vidas. Bailamos a su ritmo, haciendo cosas que no nos son propias sino que nos vienen dictadas por el palo.

Mantenemos una constante competencia con los demás. Y lo que ocurre en esa carrera es que aunque ganes, ¡no hay descanso!

Pero de alguna manera, más tarde, en algún momento de la vida, comprendes que ni siguiera el éxito en esa constante competencia te proporciona sensación de satisfacción. Incluso el éxito provoca una profunda sensación de descontento, porque, aunque tal vez hayas satisfecho todos los deseos materiales en el mundo exterior, has ignorado tu ser todo el tiempo. El toque de descontento procede de tu ser. Cuando lo comprendes prestas atención a la espiritualidad. Pero cuando no lo comprendes, entonces entras en depresión, porque no sabes de dónde procede. No sabes qué pasa. Desconoces qué es lo que no funciona.