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23. Observando y aceptando.

# **Observando y aceptando.**

Cuando te enfrentas con el miedo, no trates de resistirte o de suprimirlo. Sólo mira el miedo, date cuenta del miedo y acéptalo. La aceptación del miedo disuelve el miedo. Deja que el miedo te sacuda. Si tu cuerpo tiembla, déjalo temblar. Si tus ojos lloran, permite que las lágrimas afloren. Sé como una brizna de hierba en el viento que se inclina sin resistencia.

Una pequeña historia:

En una noche oscura, un hombre iba caminando en un sendero estrecho. De repente, su pie chocó contra una piedra y se cayó, escurriéndose hacia abajo. Se las arregló para agarrarse a una rama que colgaba sobre la roca. Estaba completamente oscuro. El hombre firmemente se aferró a la rama. Gritó pidiendo ayuda, pero la única respuesta fue su voz que resonó de nuevo. Al oír el eco, el hombre quedó aterrado pensando que podría estar en la boca de un enorme abismo. La noche parecía no tener fin y el hombre se aferraba desesperadamente, con la esperanza de que alguien fuera a ayudarle. Finalmente llegó el amanecer. El hombre miró hacia abajo para ver como de profundo era el abismo, pero no había ningún abismo. A sólo dos metros de profundidad había una gran roca.

Tus temores son exactamente iguales a los suyos; piensas que hay un abismo pero en realidad son sólo unos metros. Si puedes hacer frente a tus miedo, verás que no tienen profundidad. Debido a que magnificas los miedos, te imaginas que hay un abismo. Es tu decisión - soltar la rama y el miedo, o seguir aferrado a ella y torturarte.

La aceptación es la única manera de conquistar las cosas inevitables. Al aceptar, de repente ves que el miedo desaparece. En el momento de aceptar, el miedo pierde su poder para asustarte. Cuando no te peleas con él, podrás ver el miedo como una paz profunda. Cuando tengas un ataque de pánico, simplemente vívelo. Esta es la única manera.

Cuando hay un objeto que tienes asociado con el miedo, acéptalo. Esa aceptación transforma. Cuanto más luchas, más potencias el miedo. Desviar la atención del miedo tampoco es la forma, porque entonces el miedo sigue estando contigo, lo cuál no quiere decir que no tengas miedo.

Permite que el miedo se pase por sí mismo. Entra en él dos a tres veces. Vive el miedo intensamente sin ningún tipo de reservas. Pronto notarás que ya no te afecta más.

Chakra Swadhishthana – asiento de la vida y de la muerte

El miedo está asociado con el Swadhishthana Chakra 27, centro de energía sutil situado 5 centímetros por debajo del del ombligo.

Este es un incidente de mi vida de cuando yo era joven:

Todos los días, yo solía dar una vuelta al monte Aguáchala 28. Empezaba por la mañana temprano, alrededor de las cuatro de la mañana, e iba alrededor de la colina cantando keertans 29.

Una mañana empecé muy temprano, poco después de la medianoche. En aquellos días no había caminos o luces alrededor de la colina, y todo era un bosque denso. Yo iba feliz cantando y andando con los ojos hacia abajo. De repente, en un lugar cerca de un pequeño río, miré hacia arriba y vi un grupo de hienas de aspecto feroz que me miraban intensamente listas para abalanzarse sobre mí. En ese miedo profundo y repentino dejé escapar un grito desde lo más profundo de mi Hará 30, el chakra del swadhishthana. Fue un grito de miedo puro que nunca había experimentado antes. Fue tan completo que nunca más en mi vida me he sentido sacudido por el miedo.

27 Chakra Swadhishthana - centro de energía del bazo, entre la base de la columna vertebral y el ombligo. Bloqueado por el miedo.

28 Monte de Arunachala - Literalmente "montaña inmóvil de color rojo" situada en Tiruvannamalai en Tamil Nadu en el sur de la India. Este mística colina se considera como una representación de Shiva, maestro iluminado. 29 Keertans canciones devocionales. 30 Hara - Asiento del alma en la tradición japonesa, corresponde al swadhishthana chakra o centro de energía sutil

relacionado con al miedo, situado cerca de la región del vientre.

Sentí una entrega total a Arunachala y una profunda confianza de que Arunachala se haría cargo de mí. De repente, de la nada, un anciano sannyasi 31 apareció delante de mí con un palo grande y ahuyentó a las hienas. Tan pronto como los animales se fueron, el anciano desapareció.

Con ese grito primal, me encontré con que mi cuerpo se había convertido mucho más ligero. Yo iba casi flotando en vez de caminando, como si la frecuencia de mi ser se hubiera incrementado.