51. P: ¿Por qué a pesar de lo que sabemos, seguimos decidiendo sufrir?
# **P: ¿Por qué a pesar de lo que sabemos, seguimos decidiendo sufrir?**
¡Qué buena pregunta! ¿Por qué elegimos sufrir cuando podemos optar por vivir felices?
Verás, no conoces tu Ser, que en realidad es tu auténtica identidad. Con el tiempo empiezas a relacionarte con el mundo exterior y a crear una pseudo identidad para ti mismo. Con esa pseudo identidad puedes relacionarte con el mundo exterior. Esta pseudo identidad es el ego. Está constituido por las etiquetas que otros te pegan. Desconoces quién eres en realidad.
Imagina que te pregunto quién eres. ¿Qué contestarías? Dirías: «Soy el padre de tal y cual», o: «Soy la hermana de este y el otro», o: «Soy médico», o algo parecido. ¿Pero qué son todas esas identidades? Solo son tus relaciones y profesiones. Eres hija de tu padre, esposa de tu marido, madre de tus hijos. ¿Pero quién eres para ti misma?
En la actualidad solo existes respecto a las relaciones y profesiones. Tu ego se ha erigido sobre eso. Tu identidad procede de ahí. Por eso siempre existe el peligro de que pierdas tu identidad. Se trata de algo artificial y por ello puede romperse en cualquier momento. Por eso debes esforzarte tanto en mantenerla.
En realidad, tu naturaleza inherente es «estar solo». Cuando estabas en el vientre de tu madre, estabas solo. Te bastabas a ti mismo. Esa es tu individualidad. Con el tiempo, esa individualidad es absorbida por lo que llamas personalidad. La individualidad es natural; la personalidad es social.
Sucede de manera parecida a esto: un paquete va de un sitio a otro y en cada sitio por el que pasa, queda sellado con diversos detalles. En realidad, el paquete no es esos sellos sino lo que contiene, ¿no es así? De la misma manera, tú no eres los sellos que la gente te pega encima; eres el contenido en tu interior.
Con el tiempo, tu ego se va creando a partir de esos sellos y necesitas más y más gente para alimentarlo. Por eso te darás cuenta de que eres totalmente incapaz de estar a solas, contigo mismo. Cuando estás contigo mismo, no escuchas las voces de los demás alimentando tu ego. Tu ego pasa hambre. ¿Qué haces entonces? ¡Enciendes la televisión y la miras!
Una anécdota:
Un hombre perteneciente a un antiguo partido político, se moría. Cuando sus amigos llegaron se enteraron de que mientras agonizaba había cambiado su lealtad, pasándose al partido de la oposición. Se quedaron perplejos y le preguntaron el por qué. El hombre replicó: «¡Ah! Prefiero que sea uno de los suyos el que se muera!».
¡Qué fuerte es nuestra pseudo identificación! Para nosotros se ha convertido en una realidad tan sólida que nos ciega, impidiéndonos ver nada más. Incluso en el momento de la muerte ¡nos resulta difícil renunciar a nuestro prestigio! Vivimos y morimos inconscientemente.
El miedo a perder tu personalidad, que es tu único punto de referencia, hace que te comportes de la manera en que lo haces. Por eso decimos que tu ego está dando guerra. La espiritualidad trata de llegar a perder esta personalidad, esta pseudo identificación.
Eso puede suceder cuando empieces a observar. Cuando empieces a observar, comprenderás que eres lo que contiene el paquete y no las etiquetas pegadas en el mismo. Cuando tiene lugar esa conciencia, no necesitas ninguna conferencia, sermón, enseñanza o prédica.
P: Si nos entregamos a usted, nuestro maestro, ¿se ocupará de nuestro ego?
En primer lugar, si te entregas de verdad, te iluminarás. No se trata de «cuando me entregue», etc. Pero digamos que si decides permitirme trabajar en ti, podaría tu ego y lo dejaría como un bonsái hasta el momento en que lo perdieses por completo y te iluminases.
Dispondrías del ego suficiente para atender a tus asuntos, para realizar tus actividades cotidianas, pero no para herir a otras personas ni a ti mismo. Tu ego sería como semillas tostadas y no crecería más.
Comprende que una persona que todavía no se ha iluminado tiene ego en sí misma en una u otra forma. Pero tanto si tienes un ego activo o un ego pasivo, cuando más te vas convirtiendo en el observador, más se disuelve el ego. Por el momento bastará con comprender esto.
Con la gente corriente puedes proteger fácilmente tu ego y salirte con la tuya. Pero a un maestro nunca puedes engañarle. Solo puedes engañarte a ti mismo y creer que le has engañado. Sin embargo, aunque mantengas tu ego profundamente oculto y encubierto, así como tu marrullería, a ojos del maestro estarán desnudos y al descubierto. Mientras tú te esfuerzas por ocultarlo, el maestro intenta curarlo. Solo él sabe lo cancerígeno que es el ego.
Permite que te cite algunas cosas de la Bhagavad Gita, la enseñanza del Señor Krishna al mundo.
Cuando la Bhagavad Gita empieza, Arjuna se siente confuso.
Dice: «¡Oh, Señor! No sé qué hago en la vida. Por favor, guíame».
Krishna le explica el Sankhya Yoga, el camino para alcanzar el alma.
Luego explica el Karma Yoga, luego el Bhakti Yoga, a continuación el Karma Sannyasa Yoga, luego el Gnana Karma Sannyasa, el Raja Vidhya Yoga y demás.
Explica distintas técnicas de meditación a través de 700 versos en 18 capítulos.
Al final Arjuna dice: «Krishna, estoy más confuso de lo que estaba cuando empezaste a explicarme. ¿Qué técnica he de seguir? ¿Qué técnica es mejor y más rápida? ¿Cuál es el método más corto, la técnica última?».
Krishna le contesta en el capítulo 18, el último.
Como cualquier maestro hace, las palabras con las que concluye, son la verdad final, firme y última.
Krishna dice, Sarva dharman parithyajya mamekam sharanam vtaja, aham thva sarvapapebhyo mokshayishyami ma suchaha.
Lo que dice es de tal calibre que si imaginamos que todas las religiones, filosofías y libros espirituales son una vasija de leche, esto sería la mantequilla extraída a partir de todo ello.
Dice: «Te he explicado todas las formas de justicia. Simplemente entrégamelo todo. Entrégate a Mí y yo me ocuparé de ti. Te liberaré de todos tus pecados y te elevaré hasta la liberación».
En esta estrofa Krishna está haciendo una hermosa promesa.
A través de la estrofa, Krishna muestra al mundo que la entrega, es la técnica final, firme y esencial, el atajo hacia el estado inegoico, a la liberación.
Otra bella historia sobre Krishna y Arjuna:
Krishna y Arjuna paseaban juntos un anochecer.
De repente, Krishna señaló un cuervo y dijo: «Arjuna, ¡mira ese cuervo verde!». Arjuna miró en esa dirección y dijo: «¡Sí, Krishna, lo veo!».
Pocos minutos después, Krishna exclamó: «Arjuna, ¡mira ese cuervo negro!».
Arjuna dijo: «¡Sí, Krishna, lo veo!».
Krishna preguntó, para poner a prueba a Arjuna: «¡Qué idiota eres, Arjuna! Los cuervos verdes no existen. ¿Cómo puedes haber visto uno?».
Arjuna contestó: «Krishna, cuando dijiste que era un cuervo verde, yo lo vi como un cuervo verde».
Los sentidos de Arjuna se habían rendido a Krishna. Rendir, entregar los sentidos al maestro es la entrega más difícil. El maestro en la propia Existencia; es lo informe en forma. Cuando tus sentidos solo perciben lo que dice el maestro es que has alcanzado el punto más elevado de la entrega.
¿Qué es la entrega? La palabra entrega cuenta con un significado muy profundo. Si no lo comprendemos correctamente, ¡lo malinterpretaremos! Estaremos cometiendo un grave error. Malinterpretaremos profundas verdades.
Una anécdota:
Una noche, dos borrachos caminaban por una calle junto a una lámpara halógena. Uno de ellos la vio y exclamó: «¡Mira, el sol ha salido para nosotros!». El otro replicó: «No, es de noche. Es la luna». El primero continuó: «Es de color amarillo y por lo tanto se trata del sol». Un tercer hombre, también borracho, pasó junto a ellos. Le preguntaron: «Oiga, puede decirnos si es el sol o la luna». El hombre contestó: «Soy nuevo en este barrio; no lo sé».
Así que cuando le preguntas a alguien que no sabe, bien no obtendrás una respuesta o te dará una errónea.
Solo quienes lo hayan experimentado podrán explicártelo con claridad. Si preguntas por el significado de entregarse a una persona que no lo ha experimentado, te dirá: «Dale todo a Dios, eso es todo».
Eso no es la entrega
Llegó un hombre y me preguntó: «¿Si le entrego todo a Dios, irá todo bien?».
Le contesté: «Sí, si realmente le entregas todo a Dios, todo estará bien».
Regresó al cabo de tres días y me dijo: «Swamiji, le he entregado todo a Dios».
Me sentí feliz y le pregunté: «¿Y ahora adónde irás?».
«Al bar», contestó.
Y continuó: «A partir de ahora, Dios es el único responsable de todo lo que haga».
En realidad esa es una manera de engañarse uno mismo. Si realmente se hubiera entregado, también habría entregado el hábito de la bebida. No sería capaz de volver a beber.
Ramakrishna Paramahamsa, el maestro iluminado de la India, dice bellamente: «Cuando la auténtica entrega procede de tu corazón, Dios te guiará en cada paso de tu vida y nunca te equivocarás». Cuando la entrega no florece desde tu interior y solo es palabrería, te engañarás a ti mismo y a los demás.
La entrega te hará pensar en la Existencia todo el tiempo. Poco a poco perderás tu propia identidad, tu propio ego. En el Bhagavatam, una antigua épica hinduista, hay un verso en que una gopi (nombre dado a un grupo de ardientes devotas de Krishna) dice: «No puedo pensar en nada más que en Krishna. Le he entregado mi mente. Si tuviera que pensar en otra cosa, debería retirar mi mente de Él. ¿Cómo podría hacer algo así?».
Ramakrishna Paramahamsa sufrió de cáncer en sus últimos días.
Él, que había curado a tanta gente de muchas enfermedades.
Alguien le preguntó: «¿Por qué no puede mantener su mente en su propia enfermedad durante un momento y curarla?».
Contestó: «He entregado mi mente a la energía infinita. ¡Cómo iba a recuperarla para mantenerla en mi enfermedad!».
Eso es auténtica entrega.
La energía cósmica se ocupará de nosotros. Pudieras preguntar: «¿Solucionará esa energía cósmica todos mis problemas si me entrego?». En la Bhagavad Gita, Krishna responde bellamente, o más bien promete: «Cuando un hombre solo piense en Mí, sin ningún otro pensamiento, yo me ocuparé de sus dones así como de su disfrute. En cuanto a aquellos que se entregan comprometidamente a Mí, me ocuparé de sus ganancias así como de su prosperidad. Sus problemas se disolverán».
Para que tenga lugar una auténtica entrega son necesarios el compromiso y la madurez mental. No es necesario entregarte a Dios o a ningún maestro. Puedes entregarte a nada. La entrega en sí misma es una virtud y posee un gran poder en sí misma. Cuando te entregas, estás reconociendo que existe una fuerza vital mayor que tu ego, eso es todo.
En realidad, Dios solo es una excusa para que te entregues. Lo importante es el acto de entregarse. Dios no es la meta; la auténtica meta es la entrega. Cuando te entregas o cuando sueltas el ego, dejas de ser una entidad separada de la Existencia; te fundes con la Existencia o Dios. Entonces comprendes que no hay ningún Dios sentado por encima. Solo está la Existencia, que lo llena todo en este universo, ¡incluyéndote a ti!
Una anécdota:
Un hombre decidió que iba a entregarse pero no sabía cómo hacerlo.
Decidió que iría al bosque y se entregaría a la primera persona que le saliese al paso.
Fue y esperó en el bosque.
La primera persona que apareció fue un ladró que escapaba de la policía.
El hombre se postró a sus pies y declaró que el ladrón era su guru y que se había entregado a él.
El ladrón se quedó perplejo y no supo qué hacer.
Contestó apresuradamente: «Muy bien, si es así, cierra los ojos y quédate aquí hasta que regrese», y huyó.
El hombre era una persona muy comprometida y se quedó allí, sin comer ni dormir, durante mucho tiempo.
La historia continúa diciendo que al ver su entrega, ¡el Señor se le apareció y le dio la liberación!
No importa a quien te entregues. Lo que tiene el poder de cambiar tu vida haciéndola dichosa es el pensamiento de entrega total. Cuando te entregas, te conviertes en poseedor de la inagotable energía que es la Existencia, y puedes con todo lo que te salga al paso.
Te muestras fuerte y firme frente a todo lo que te llega. La gente a tu alrededor descubrirá que eres un pilar de fortaleza. Podrás sentir la mano invisible de la Existencia en ti.
Si no te has entregado, significará que tu ego sigue impidiéndote fundirte en el infinito y automáticamente devendrás finito en cuanto a recursos y energía.
Un maestro es un dispositivo para ayudarte a entregarte. Entregarse no significa que dependes de alguien. Simplemente quiere decir que aceptas la ayuda de esa persona para disolver tu propio ego, eso es todo.