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49. *El ego del conocimiento*

# *El ego del conocimiento*

Pasemos ahora a otra importante forma del ego: el ego que llega con el conocimiento.

Al desarrollarte, recopilas opiniones y datos acerca de varias cosas, leyendo y hablando con otras personas. Esas dos influencias dan forma a tu conocimiento, a tu configuración mental.

Todo lo que ves se convierte en un mero apoyo a tus conclusiones ya formadas de antemano. No hay mucho terreno para crecer. Estás todo tiempo mirando a través de un cristal de un color en particular: ¡un color que pintaste! Por ello, te pierdes gran parte de este mundo repleto de maravillas.

Una anécdota:

Un hombre le decía a su amigo: «¿Sabes? He hecho el ridículo más espantoso». El amigo preguntó: «¿Por qué? ¿Qué ha pasado?».

El hombre dijo: «Cambié diez vidrios rotos en las ventanas de mi casa, ¡y luego descubrí que llevaba las gafas con un cristal roto!».

Si mirásemos en nuestro interior durante un instante, comprenderíamos que nosotros somos el factor común en todo lo que vemos. Pero por alguna razón, nunca lo hacemos. Nunca dudamos de nuestra propia mente. Creemos saberlo todo y ahí empieza el problema. Nuestro conocimiento mundano no nos da la oportunidad de evolucionar.

Lo más peligroso de esta situación es que sientes que te has solidificado solo con tu conocimiento. Sientes que te has convertido en un personaje sólido merced a tu conocimiento. Pocos imaginan que solo se han convertido en una carga para su ser.

Tu ser es un río y tú lo has secado con ese pretendido conocimiento. El verdadero conocimiento es saber cómo dejar de lado ese conocimiento que te sale al paso y vivir como un niño, fluyendo de espontaneidad. Necesitas pasar del ego a la espontaneidad.

Estamos siempre dispuestos a clasificar y etiquetar todo lo que vemos en nuestra vida. El resultado es que lo único que hacemos es robar a la vida su belleza. Clasificamos gente, lugares, situaciones y todo lo que nos sale al paso.

Una anécdota:

En una ocasión, un hombre fue al cine a ver una película.

La película empezó con la cabecera del famoso estudio internacional que había producido el film.

El hombre se dijo a sí mismo: «¡Vaya! ¡Esta película ya la he visto!», y se levantó y se marchó.

Cada película de esa productora empieza con el mismo encabezamiento de ese estudio en particular ¡y el hombre llegó a la conclusión de que ya había visto la película! No se enteró. Eso es todo.

Así es como somos todos, sobre todo los adultos. Los niños no son así. Ellos lo ven todo con frescura. Están llenos de vida. No están muertos como nosotros.

Cuando vayas a la playa no tienes más que observar a los niños, lo excitados que están. Mientras que si tú vas a la playa, te parece que ya sabes lo que es. La incomparable frescura y belleza de la naturaleza pasa por tu cristal teñido. La playa se convierte simplemente en otro sitio. Comprende que si no tienes la sensación de estar disfrutando la vida es a causa de tu mente, de tu ego sólido, y no porque la vida no sea bella.

Un hombre fue a Suiza de vacaciones y regresó al cabo de un mes. Se citó con su amigo una noche y decidieron salir a cenar. El amigo le preguntó: «¿Qué te parecieron los bellos paisajes de Suiza?». El hombre contestó: «Si, vaya, no están mal. Pero las montañas siempre se ponían delante».

¡Somos tan insensibles a la Naturaleza! Y nos quejamos de que no hay nada que disfrutar.

La capacidad de disfrute está en tu interior. De niño disfrutaste de todo a tu alrededor. ¿Qué pasó a continuación? Te pusiste serio y te olvidaste de cómo disfrutar. Te tornaste aburrido a causa de todo tu pretendido conocimiento.

Como ya te dijera antes, la gente suele preguntarme: «Swamiji, ¿cómo con todo su conocimiento parece un niño? Cada vez que cuenta un chiste, se ríe de manera tan espontánea ¡que le miramos asombrados! Hay veces que cuando empieza a contar un chiste nos damos cuenta de que ya le hemos escuchado contarlo así que no nos reímos, ¡pero usted disfruta como si alguien le estuviese explicando ese chiste por primera vez!».

Ya ves, eso es exactamente a lo que me refiero cuando digo que has perdido tu espontaneidad y capacidad de disfrutar. Con tu conocimiento has adquirido una actitud de «sabelotodo».

Ahora que te he dicho esto, permite que te cuente una historia que repito muy a menudo en mis charlas ¡y que me hace reír cada vez que la cuento!

En mi nativa Tiruvannamalai, en el sur de la India, durante los festivales templares anuales, se levanta un escenario temporal al aire libre, donde famosas compañías de teatro representan obras, la mayoría escenas de las grandes épicas hinduistas, como el Mahabharata y el Ramayana.

Yo solía ir a ver esas representaciones.

En una de esas ocasiones, escenificaban el momento del Mahabharata en que Dusshasana intenta desnudar a Draupadi y esta acaba siendo salvada por el Señor Krishna.

El personaje de Draupadi era interpretado por un hombre que vestía un sari, una prenda femenina india.

Siguiendo el plan, llevaba siete saris, uno encima del otro, de manera que Dusshasana se los iba quitando llevando la cuenta.

Cuando llegó al séptimo sari, Draupadi debía gritar, llamando en su auxilio al Señor Krishna y éste debía aparecer.

El caso es que por alguna razón... el personaje de Draupadi se equivocó al vestirse y solo llevaba 6 saris.

En el escenario, Dusshasana empezó a tirar del sexto sari y de repente, ¡Draupadi se dio cuenta del error!

Así que empezó a gritar: «¡Suéltalo, suéltalo!».

Dusshasana creyó que Draupadi estaba interpretando su papel de maravilla y ¡siguiendo tirando para quitárselo!

Finalmente, Draupadi se quedó en el escenario con unos pantalones cortos y una blusa, ¡con maquillaje de mujer!

Pero mantuvo la suficiente presencia de ánimo como para gritar: «¡Oh Krishna! Qué benevolente has sido, ¡has cambiado mi sexo para evitarme la vergüenza!».

Incluso ahora, cuando recuerdo esa escena, ¡no puedo dejar de reír!

Así que comprende que tener conocimiento está muy bien, pero no lo utilices para solidificarte. Recibe abierto cada momento. No mantengas nociones preconcebidas. Si vives con esa apertura nada será mundano para ti. Entonces te darás cuenta de que incluso tu propia esposa, con la que has estado viviendo a diario ¡es fresca y deleitable!

Cuando se convierte en tu actitud, existen muchas posibilidades de que la otra persona sienta la apertura en ti y ella también se abra a ti de una manera deliciosa. Luego se convertirá en un ciclo positivo en el que pasas por la frescura de cada momento. Solo habrá frescura en todas partes. ¡Nada resultará rancio!