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25. P: *Swamiji*, usted ha hablado del miedo a lo desconocido. ¿Puede decir algo más al respecto?

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P: Swamiji**, usted ha hablado del miedo a lo desconocido. ¿Puede decir algo más al respecto?**

Sí, ahora llegaré ahí.

El miedo a lo desconocido no es más que el miedo que tenemos a la oscuridad, los fantasmas y espíritus, de Dios y finalmente de nuestra propia muerte.

Una anécdota:

Un hombre viajaba en un tren.

El revisor se le acercó y le pidió el billete.

El hombre empezó a buscar frenéticamente su billete, primero en el billetero, luego en el equipaje y en los bolsillos de los pantalones.

El revisor le observaba y dijo: «Señor, ¿por qué no busca en el bolsillo de la chaqueta?».

El hombre contestó: «Por favor, no me pida que busque ahí ahora. Mi única esperanza es que acabe estando ahí».

¡Qué miedo tenemos de mirar! En el momento en que temes mirar, estás creando más miedo porque se torna más desconocido para ti.

Cuando hablamos de miedo a lo desconocido, sentir miedo a los espíritus y a los fantasmas es muy común. No es necesario temerlos. Basta con comprender que espíritus y fantasmas son mucho menos poderosos que nosotros. Les otorgamos mucho más poder del que gozarían de manera natural y permitimos que controlen nuestros miedos. Ahí empieza el problema.

No dediques demasiada atención a la cuestión de espíritus y fantasmas. No sirve de nada. Basta con que estés bien centrado y tengas las ideas claras acerca de ti mismo. Automáticamente nada podrá alcanzarte ni temerás ese tipo de cosas.

El miedo a la oscuridad también es miedo a lo desconocido. El miedo a la oscuridad no es más que miedo a la muerte. ¿Caminarías de noche por ese mismo jardín en tu casa por el que paseas de día? ¡No! ¡Tienes miedo! ¿Por qué? Conoces muy bien la linde de tu jardín. ¿Por qué tienes miedo, pues? Tienes miedo no a causa del jardín sino de la oscuridad.

Temes que pudiera sucederte algo en la oscuridad. Eso es lo que quiero decir cuando digo que todo miedo está de algún modo relacionado con el miedo esencial a la muerte. En el caso de la oscuridad resulta muy obvio, pero en el caso de tus otros miedos, resulta más sutil, eso es todo.

En realidad, ¡la oscuridad es bien hermosa! Es como el vientre de tu madre. Cuando estabas en el vientre de tu madre, reinaba una oscuridad completa. Pero tras llegar al mundo perdiste esa conexión con la oscuridad. Empezaste a sentirla como algo desconocido. Los seguidores tántricos meditan en la oscuridad para sentir la intensidad de la Existencia.

No es necesario temer la oscuridad. Si pudieras, por una vez, permanecer a oscuras con un profundo amor, con la tranquilizadora sensación de que se trata del vientre de tu madre, dejarías de tenerle miedo.

Cuando a un niño le asuste la oscuridad, no le digas: «¡Sé valiente!». Si le dices eso, solo se pondrá tenso, porque se supone que no debería asustarse. Así no abandonará su miedo a la oscuridad. Permítele que pase por el miedo a la oscuridad. Permítele temblar un poco. Al menos dispondrá de la oportunidad de explorar su miedo. Cuando lo haga unas cuantas veces, podrá abandonar lentamente su miedo a la oscuridad.

Ahora pasemos al miedo de Dios. Dios también nos es desconocido y por eso le tememos. Comprende que Dios no es más que el nombre que le damos a la Existencia, al Cosmos, a la energía Existencial, a la Fuerza Vital que permea este universo. Esta Existencia, esta energía Universal, solo sabe amar. Si pudieras comprender aunque solo fuera eso, tus miedos desaparecerían automáticamente.