21. *Deja de perder el tiempo*
# *Deja de perder el tiempo*
No haces más que posponerlo todo en la vida. Pospones tu propio disfrute, pospones tu trabajo, lo dejas todo para mañana. Has de comprender que ese «mañana» ¡también llega en forma de «hoy»! Cuando llega como hoy, ¡vuelves a decir «mañana»! Es un juego que juegas contigo mismo.
Finalmente, cuando llega la muerte, ¡te pilla desprevenido! Sientes que te queda mucho por hacer. Te sientes estafado por la vida. La verdad es que tú te has estado engañando continuamente. Pero prefieres culpar a la vida de todo. Por eso, para que vivas, necesitas una clara comprensión de la muerte. Entonces no habrá engaños y estarás dispuesto a morir en cualquier momento.
Perder el tiempo es la mentalidad con la que acabamos perdiendo la propia vida. La gente me pregunta: «Swamiji, ¿cómo puede hacer tantas cosas en tan poco tiempo?». ¡Les sorprende ver mi calendario anual! Les sorprende observar todas las cosas que suceden a lo largo del año por todo el mundo. Y les digo: «Es muy sencillo: vivo totalmente en el presente. No pierdo el tiempo como tú».
En nuestros programas de meditación, guiamos a las personas a través de una meditación en la que se les dice que visualicen que van a morir en 24 horas y que deben completar todo lo que les gustaría completar antes de morir. Es una hermosa técnica de meditación. Se les hace visualizar incluso la ceremonia de su propia muerte.
En una ocasión, tras esta meditación, una jovencita compartió sus pensamientos.
Dijo: «Swamiji, he visto un cartel en una tienda que decía: "Cuando hagas planes, planea concretamente teniendo en cuenta el futuro en los años venideros. Cuando los lleves a cabo, hazlo como si fueses a morir en el minuto siguiente. Tras realizar esta meditación, ¡comprendo lo que quería decir!».
Ya lo ves, cuando planeas, hasta de contar con un plan futurista, así no habrá que reorganizar demasiadas cosas durante unos cuantos años. Pero cuando lo lleves a cabo, debes hacerlo de tal manera que cada subtarea que emprendas del plan maestro se complete exitosamente sin flecos pendientes.
Aunque vayas a morirte entonces, todo lo que hayas realizado hasta ese momento será perfecto y el plan maestro seguirá ahí como referencia para que la gente lo siga o lo modifique dependiendo de lo que requiera la situación. Eso solo puede lograrse si trabajas sin perder el tiempo en cada tarea secundaria que emprendes.
A menudo, perder el tiempo es lo que te conduce a la pobreza. La pobreza es tu propia elección. Cuando retrasas decisiones, estás dando pasos para ser pobre. Pero eres felizmente inconsciente de ello. Tienes la sensación de que Dios no te ha tratado con justicia y que la vida ha sido demasiado corta como para que pudieras realizar tus sueños. Si hubieras utilizado toda tu energía de la manera adecuada y con claridad, no te sentirías de ese modo y estarías siempre listo para morir.
Si te miras en el espejo cada día y te dices que hoy es el último día de tu vida, dejarás de perder el tiempo. No es necesario que te lo repitas toda la vida, bastará con un mes. Automáticamente empezarás a vivir tu vida sin dilaciones. Y no solo eso, sino que tus miedos acerca de perder tu prestigio, la vergüenza, el orgullo y las expectativas se disolverán, porque sabrás que no tienes nada que perder.
La gente que ha pasado por algún tipo de experiencia de casi muerte, como escaparse por los pelos de un accidente, curarse del cáncer o algo parecido, es capaz de vivir con más valentía ¡porque sabe que no tiene nada que perder! También vivirá sus vidas con mayor claridad y más inteligencia.
La primera lección que debes aprender de toda tu educación es que debes hacer lo correcto en el momento adecuado y seguir adelante. De alguna manera, ¡se trata de la última lección que aprendemos verdaderamente! ¡Aprendemos esta lección tras haber pasado por el resto de lecciones!
Perder el tiempo es algo que te causas a ti mismo. Pero el resto de los miedos te los infunde la sociedad. La sociedad te hace tener miedo de tu propio ser, de los demás y de Dios. Te hace temeroso de ti mismo con cosas simples como la moralidad, los nombres y las formas, el prestigio y todo tipo de cosas.
Te hace perder confianza en ti mismo en nombre de la moralidad y por eso estás tan inseguro de ti mismo cuando se trata de moralidad. Cuando empiezas a acatar la moralidad por miedo, no permites ninguna opción de que tu inteligencia interior pueda guiarte.
La moralidad siempre infunde miedo.
En nuestras vidas, la moralidad no es sino un pobre sustituto para la inteligencia. Cuando actúas a partir de tu propia inteligencia, puedes tener confianza en ti mismo. Pero cuando lo haces a partir de reglas y normas, nunca puedes estar seguro de ti mismo, ¡sobre todo porque no eres tú mismo! No estás centrado en ti mismo, sino en las reglas.
Si vives a partir de la inteligencia, esos tipos de miedos nunca te alcanzarán. La gente que predica moralidad tiene mucho miedo. Por eso predican. Tiene miedo porque se siente insegura de sí misma o porque solo sabe ser moral con miedo. Los moralistas pueden devenir neuróticos a causa de su concepto de la moralidad y la disciplina.
Una anécdota:
En una ocasión había un moralista que normalmente caminaba por las calles dando unos pasos cuidadosamente calculados.
Un día, de repente empezó a llover mucho.
El moralista siguió a la gente y se puso a correr.
Tras correr durante un rato se dio cuenta de que había descuidado sus costumbres.
Se dijo a sí mismo: «¡Pero qué estoy haciendo! Correr es poco digno. Un caballero debe corregir sus errores con arrepentimiento, en caso de cometerlos».
Así que regresó, bajo la lluvia, al lugar en que empezara a correr y volvió a caminar, con pasos calculados.
¡La moralidad te apaga y te mata!
Cuando te digo eso no implico que este sea un mundo libre y que puedas hacer lo que te venga en gana. Lo que digo es que has de desarrollar tu propia inteligencia para que las reglas sean únicamente una confirmación de lo que ya sabes y sientes. Esa es la auténtica inteligencia. Cualquier regla conveniente debería ser solo una confirmación de lo que una inteligencia desarrollada sintiese. Así que abandona tus temores e intenta descubrir tu inteligencia interior, tu maestro interior.
Una anécdota:
Un joven sannyasi vivía enfrente de una bella cortesana.
El sannyasi intentaba meditar todo el tiempo.
Por su parte, la cortesana estaba inmersa en su forma de ganar dinero.
Muchos hombres entraban y salían de la casa.
El sannyasi se esforzaba todo lo posible en concentrarse en su meditación, pero su atención estaba más en la joven y no dejaba de maldecirla por la clase de vida inmoral que llevaba.
Por su parte, la cortesana, ni siquiera era consciente del sannyasi al otro lado de la calle.
A pesar de su manera de vivir, que consistía en ofrecer placer a los hombres, la cortesana estaba inmersa en su amor por el Señor Krishna y pasaba todo el tiempo posible rezándole y jugando con su imagen.
El sannyasi y la cortesana murieron el mismo día y llegaron ante las puertas del Señor Yama, el Señor de la Muerte.
Tras analizar sus expedientes, a la cortesana la enviaron al cielo, mientras que el sannyasi acabó en el infierno.
El sannyasi expresó sus hondos sentimientos acerca de la injusticia de Yama.
Yama le explicó tranquilamente: «Durante toda tu vida, mientras aparentabas meditar, albergabas lujuria por la cortesana. Ella, por su parte, a pesar de lo que hacía, estaba totalmente concentrada en la realidad de Dios».
Los moralistas viven una vida superficial, temerosa y poco profunda. No viven plenamente. Temen constantemente traspasar las líneas de la moralidad. Sus verdaderas intenciones quedan bien ocultas bajo el disfraz de la moralidad.