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2. *Cambiar ese centro*

# *Cambiar ese centro*

Durante los próximos días quiero que todos hagan este pequeño ejercicio: hay que elegir una pareja entre los presentes, del mismo sexo. Hay que centrarse por completo en esa pareja. Tu primera preocupación debe ser estar siempre pendiente de que la otra persona esté cómoda. Debes estar siempre pendiente de si es feliz y está bien. Entérate de si necesita algo. En lugar de servirte la comida a ti primero, pásale a esa persona el plato y luego toma uno para ti. Si en tu habitación no hay agua caliente, intenta averiguar si hay agua caliente para ella en su habitación.

¡Ah, y no vale emparejarse con amigos o familiares! No quiero que elijas a gente con la que puedas intercambiar direcciones más tarde, ¡con quien puedas entablar amistad a continuación! Simplemente elige a un desconocido, a quien tengas más cerca. Elige al azar.

Nos pasamos la mayor parte de la vida preocupándonos exclusivamente de nosotros mismos. Y como mucho, nos preocupamos de nuestra familia más cercana, y eso también porque nos parece que es nuestro deber. Cuando empieces con el ejercicio tendrás la oportunidad de ver ¡qué es el amor desinteresado! Es desinteresado porque no esperas nada de la otra persona.

Amor verdadero

El verdadero amor es algo tan profundo, tan energetizante, que no lo conocerás a menos que lo experimentes. El amor es una expresión de energía, no algo que se negocie. Dime una cosa: ¿puedes amar a la gente cuando la conoces por primera vez?

(Desde la audiencia: «¡No, Swamiji*! Ni siquiera les conocemos, ¿cómo vamos a amarles?»).*

¡Exactamente! Eso es lo que pensáis. Pero deja que te diga que con un poco de comprensión intelectual y de meditación ¡te darás cuenta de que puede amar a cualquiera sin ninguna razón, sin ningún motivo! Puedes amar a los árboles de la calle, puedes acariciarlos y sentir la energía que mana de ti. Puedes amar a la gente con la que te cruzas en la calle sin siquiera conocerla. El amor en realidad es tu propio ser, no una cualidad destilada que poseas.

Hoy en día, no hay nada que se malinterprete más que el amor. En la actualidad, el amor es más bien una transacción. Si alguien te dice alguna cosa bonita, le quieres. Mañana, si esa misma persona se queda corta, ya no le quieres tanto y probablemente le odies.

Incluso tu amigo de toda la vida, con quien chateas a diario en la red, de repente no te parecerá tan cercano si dice algo que no tiene tu aprobación. ¿Dónde ha ido a parar tu amor entonces? ¡Ha sufrido un parón temporal!

Son solo juegos que pones en marcha; un juego en el que amor y odio emergen de manera alternativa e intercambiable. Y esa relación amor-odio no es amor de ninguna de las maneras. Tengámoslo claro. Se trata simplemente de tu reacción a una persona o una situación, eso es todo. Eso es lo que denominamos amor. Pero no es auténtico amor. Es amor subjetivo, eso es todo.

El verdadero amor no tiene objeto. Está simplemente ahí, tanto si tiene objeto como si no. El verdadero amor es su propio sujeto. Desconoce objeto alguno. Tú eres el objeto y tú te conviertes en amor, eso es todo. Cualquier objeto que entre en contacto lo siente. Igual que un río fluye de manera natural y la gente disfruta del mismo en los distintos

lugares donde lo ve, el verdadero amor transpira de una persona, y la gente que la rodea es capaz de sentirlo.

En el verdadero amor no hay lugar para las condiciones. La energía en ti debería desbordar y expresarse como amor. Es entonces cuando puedes deshacerte de las enrevesadas limitaciones de las relaciones y expresarte total y hermosamente, ¡como un ser lleno de amor!

A fin de descubrir la cualidad de tu ser, que es el amor, puedes hacer dos cosas. La primera: escuchar repetidamente palabras como estas, de manera que creen en ti una convicción acerca del amor verdadero, de forma que se crea en ti un espacio para el proceso de transformación. La segunda cosa: meditar de manera que la transformación suceda.

En la vida práctica, cuando profundices en las relaciones comprenderás que todo lo que sientes no es verdadero amor, sino simplemente una forma de toma y daca. No es más que un ajuste, cierto compromiso, algunos sentimientos obligados, parte de temor, algo de culpabilidad. Y todo en nombre del amor.

La meditación puede llevarte más allá de esas malinterpretaciones del amor. La meditación puede operar al nivel del ser. ¡Por eso es un atajo! Cuando has de recorrer la vida y lo haces por ti mismo, te llevará toda una vida. Pero con la meditación se abre un espacio interior para que experimentes esas cosas claramente por ti mismo, tengas la edad que tengas.

Comprende esto: cuando eres capaz de amar sin ninguna razón, te expande enormemente. Tu mundo de repente parecerá adoptar proporciones colosales. Será extático. Te convertirás en una fuente de energía para ti mismo y para los demás. Rebosarás de tal manera que la energía en ti alcanzará a los demás. No hay otra manera. Los demás se sentirán atraídos hacia ti de manera natural.

P: ¿Y qué pasa con el amor entre una madre y su hijo? ¿No es amor desinteresado?

Ni siquiera el amor materno se libra de las expectativas. En muchas ocasiones, la gente me lo ha discutido. Permite que te diga que una madre ama a su hijo correctamente. Pero a fin de cuentas, existe una expectativa no escrita acerca de ese amor. Si el hijo provoca una pequeña fricción, las primeras palabras que aparecerán serán para decirle todo lo que ella ha hecho por él desde la infancia. Una pequeña merma en la relación basta para que todo explote.

El amor verdadero es la expresión de la energía Existencial en ti, y ese amor no puede nunca pensar en ese tipo de argumentos. Solo sabe fluir sin causa, sin razón. No necesita mantener ningún historial.

En el momento en que citas incidentes del pasado, quiere decir que siempre hubo expectativas ocultas en tu amor y cuando ese es el caso, nunca puede ser auténtico amor.

Lo mismo sucede en el caso del hijo. El hijo ama a la madre, esperando que le cuide, que le recoja a las cinco en el colegio y le prepare la fiambrera de la comida, esperando que se ocupe de su ropa, sin falta, todos los días. Él adora a su madre porque disfruta de los cuidados, del lujo.

Una anécdota:

Un niño aprendía quebrados en el colegio.

Un día la maestra le preguntó: «Si tenemos un pastel y lo dividimos en cinco porciones y se las damos a cada uno de los miembros de tu familia, cuántos trozos de pastel te tocarán a ti?».

El niño contestó: «Dos y medio, señorita».

La maestra le preguntó: «¿Cómo? ¿No has estudiado los quebrados?».

«Es que, señorita, si me gusta, mi mamá me dará su trozo», contestó el crío.

Las madres quieren sacrificarse por su hijos, de acuerdo, pero de lo que hablamos es de la actitud con la que se sacrifican. Deberían hacerlo sencillamente a causa de un desbordamiento de amor en ellas, no a causa de expectativas ocultas. Los sucesos nunca quedarían registrados, no llevarían un historial si lo hicieran a causa de ese desbordamiento. Y aunque lo registrasen, no lo sacarían a modo de venganza cuando las cosas se pusieran difíciles.

El amor común siempre florece a partir de expectativas. Nadie puede negarlo, aunque todo el mundo lo intente. Las expectativas en el amor están tan bien entretejidas que resulta difícil percibirlas. Ese es el problema.

En realidad, mientras las cosas vayan bien, resulta difícil creer lo que estoy diciendo. Pero hemos escuchado tantos casos de hijos e hijas dados por perdidos en las familias por razones peregrinas... Simplemente porque se casaron fuera de su comunidad, o porque hubo alguna desavenencia en la familia. ¿Cuándo desapareció repentinamente todo el amor?

Hasta que esos incidentes tuvieron lugar, el hijo o hija fueron muy queridos. ¿Qué es lo que sucedió de repente? ¿Cómo es posible que desapareciese todo el cariño si era amor

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de verdad? El amor verdadero nunca tiene fin porque no depende de ningún ciclo de causa y efecto. Incluso en situaciones familiares difíciles, si observamos atentamente, comprenderemos lo limitado que es ese amor. Intenta reordenar algunos aspectos de tu vida, y observa cómo reacciona tu familia ante ello.

Mientras te ocupes de tus hijos en nombre del amor, ellos también disfrutarán de ti, en nombre del amor. Mientras no tengáis roces, todo estará bien. Si alguna de las partes se comporta de forma inesperada, el clima afectivo cambia, el aroma cambia.

El amor que está siempre amenazado no es verdadero amor. No es más que amor organizado. Y nada organizado puede ser total. Y cuando algo no es total siempre está sometido a amenazas. El amor ha de ser una celebración total, no un deber.

Respeto no es amor

Una cosa más: todos confundimos amor con respeto. Cuando amas totalmente, nada de lo que hagas parecerá irrespetuoso. Ya ves, cuando observes de cerca muestras de respeto descubrirás que algunas personas hacen ciertas cosas, que parecen absolutamente normales, mientras que lo mismo, hecho por otra persona, parecerá irrespetuoso. La energía tras la persona que realiza la acción es lo que causa que esta pueda parecer respetuosa o lo contrario.

Cuando la energía que te impulsa es total, cuando eres una pura energía de amor, entonces puedes hacer lo que quieras. Cuando no te sientas seguro de ti mismo, te verás atrapado en los problemas del respeto. No te estoy pidiendo que seas irrespetuoso. Solo estoy diciendo que cuando tu ser reverbera de amor, tu lenguaje corporal hará que tus acciones nunca parezcas irrespetuosas.

Pero si te quedas atrapado en el respeto en lugar del amor, te estarás equivocando. Entonces, en lugar de ser cariñoso, empezarás a pretenderlo, y cuando uno pretende algo, no es íntegro, total.

Cuando te centras en el respeto pretendes porque el respeto es social y va cambiando en su definición. Pero si te centras en el amor, entonces el respeto se convierte en un agradable derivado. Así que céntrate en el amor y el respeto sucederá de manera automática.

Recuerda: el respeto está muerto. El amor está vivo. El respeto crea distancia; el amor desconoce las distancias.

La gente está educada para ser temerosa y sentir respeto por Dios. Nunca les enseñaron a amar a Dios. No se les permite tocar a los ídolos en los templos. Se espera de esas personas que se mantengan a cierta distancia y que hagan una reverencia. Se les enseña a ser temerosos de Dios. Comprende que lo primero que habría que enseñarles a los niños es a amar a Dios.

Si no puedes abrazar a Dios, ¡no queda nada que abrazar, porque Dios lo es todo! Cuando enseñas a tu hijo que no puedes abrazar a Dios, en realidad le estás enseñando que Dios es distinto del resto. Al poner a Dios en un pedestal, estás alienando a tu hijo de la totalidad de la Existencia.

Demuestra algo de inteligencia social y juega al respeto de una manera inteligente cuando este sea necesario. Eso es todo. Ten en cuenta que este tipo de respeto tendrá lugar en medio de una profunda conciencia e inteligencia. No por ello serás menos cariñoso y afectuoso.

Una anécdota:

Una madre acudió con su hija a una función pública. En un momento dado, perdió a la hija y acabaron separadas en la multitud. A la madre le entró mucho miedo y empezó a buscar a su hija por todas partes. De repente escuchó una voz a su espalda: «¡María, María!». Se volvió y vio a su hija. Corrió hacia ella, la abrazó y preguntó: «¿Pero por qué me has llamado María en lugar de mamá?». La niña dijo: «No hubiera servido de nada. ¡Este sitio está lleno de madres!».

Los niños siguen centrados en sí mismos y están más vivos y atentos que nosotros. Su inocencia, su amor, su lenguaje corporal habla por ellos, no sus palabras. Por eso, todo lo que dicen o hacen parece siempre inocente, nunca irrespetuoso. Una vez que la mente se adentra en los condicionamientos sociales, la inocencia desaparece. Entonces hemos de empezar a utilizar palabras y pretensiones.

Cuando el amor se convierte en un deber, pasa a ser una carga. Y cuando se convierte en una carga, deja de ser una celebración; estarás siempre bajo presión para mantenerlo.

Amor que libera

Los padres enseñan a sus hijos razones para amar. Desde la infancia se les enseña el amor con una razón. ¿Alguna vez les enseñamos a amar la tierra? ¿Les enseñamos a amar la naturaleza? No. Pero les enseñamos a amar a nuestros familiares. Les enseñamos a que nos amen a nosotros. Les enseñamos a amar a todo aquel que pudiera serles de alguna utilidad en algún sentido.

Si les enseñas a abrazar la naturaleza, estarás sembrando en ellos las semillas del amor verdadero. He visto a muchos padres que enseñan a sus hijos a tirar basura en espacios públicos y destrozar la belleza de la naturaleza. Los mismos padres que enseñan a los niños a amar la familia les enseñan a maltratar la naturaleza. Si hubiera algo de amor verdadero en ti, no maltratarías la naturaleza. La abrazarías y también a las personas.

Has de sembrar la semilla adecuada. Solo entonces brotará la planta deseada. Cuando crees las condiciones adecuadas para que florezca el amor en el interior del niño, este florecerá. La meditación ayuda a sembrar la semilla, al crear el espacio interior necesario. No puede imponerse nada desde fuera. En el momento en que se imponga, tropezará con resistencias y se expresará como una compulsión, lo que denominas un deber.

El amor del que hablamos es en realidad esclavitud psicológica. Esclavizas a la persona en nombre del amor, y esta se siente obligada a comportarse de una manera particular. En la esclavitud física al menos sabes que estás siendo esclavizado. Pero la esclavitud psicológica es tan astuta que nunca te darás cuenta de que estás esclavizado.

¿Por qué crees que existe tanta culpabilidad en todos nosotros? Pues porque el amor que conocemos siempre nos hace sentir culpables. Cuando el amor es total, cuando es pura energía procedente de tu ser, nunca puede propiciar culpabilidad. Solo te sientes culpable porque siempre te parece que no has amado suficiente, que has fracasado. ¿Y por qué no has amado suficiente? Porque te han enseñado el amor que tiene razones, nunca el amor total.

Ya ves que cuando has amado totalmente, nunca te sientes culpable ni triste cuando una persona muere. Puede sentir tristeza ante la separación física, pero nunca sentirás que has dejado nada pendiente. Cuando hablo de amor total, no quiero decir que deberías haber colmado todas las expectativas de atención y deseo del otro. Lo que quiero decir es que deberías haberte centrado en ti y transpirado ese tipo de amor energetizados hacia esa persona, considerándola y respetándola como parte de la Existencia.

Si te has conducido de ese modo, la habrás experimentado de una manera total y no sentirás ningún tipo de culpabilidad cuando fallezca. La familia siempre te inocula culpabilidad para poder controlarte. La culpabilidad no es sino una resaca de muchos tipos de emociones porque no exploraste la emoción en su totalidad. Nunca permitas que la culpabilidad llegue a poseerte.

No estoy diciendo que puedes hacer lo que te dé la gana y no sentirte culpable. Lo que estoy diciendo es que vivas totalmente, desde tu centro, con profunda conciencia y comprensión. Entonces no habrá lugar para la culpabilidad.

El amor verdadero siempre da sin pedir nada a cambio. No conoce ningún «dame». Solo sabe «dar». Y tampoco puedes inventártelo. Es así: puedes crear una rosa de plástico, ¿pero tendrá la fragancia de una rosa auténtica? ¡No! De la misma manera, el verdadero amor nunca puede ser una creación.

Para que la rosa de verdad suceda, has de crear las condiciones adecuadas, el terreno adecuado, la cantidad de agua adecuada, y entonces sucederá por sí misma. De la misma manera, para que el verdadero amor suceda, puedes crear conciencia, claridad y un entendimiento claro en tu interior, y florecerá en ti.

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En una reunión universitaria, una chica me preguntó: «Swamiji, ¿fue un fracaso amoroso lo que hizo que se convirtiera en sannyasi?».

Le dije que fue ¡un éxito amoroso lo que hizo que me convirtiese en sannyasi! Fracasar en el amor solo crearía un Devdas, ¡no un sannyasi! Solo cuando puedes amar al mundo entero puedes convertirte en sannyasi. Solo cuando puedes amar al mundo entero es verdadero amor.

El verdadero amor sucede sin necesidad de relación. Solo el amor ordinario tiene lugar cuando existe una relación. En el amor ordinario, amas a tu padre porque se ocupa de ti. Amas a tu madre porque te cuida. Amas a tu novio porque te proporciona placer sensual.

El verdadero amor no es así. No dice: «¡Vaya, ese es mi padre. He de quererle...». ¡No! Sabe cómo seguir amando a todos y a todo. Eso es todo. El amor ordinario y corriente crea obligación, mientras que el amor verdadero libera. Con el amor ordinario existirán fracasos y éxitos. Con el amor verdadero, no hay ni éxitos ni fracasos, ES. Eso es todo. ¡El éxito radica en encontrarlo!

La gente cree que cuando nada te funciona, cuando se pierde todo el amor, te haces sannyasi. Pues no. La gente cree que los sannyasis son renunciantes empujados por la frustración. Pero te digo que me siento muy triste cuando pienso en la gente que dice ese tipo de cosas. Viven en una profunda ignorancia y no dejan de juzgar desde ese estado de ignorancia. Entiéndelo bien: sannyas es el matrimonio último... ¡con el Divino!

Un sannyasi de verdad es quien es tan cariñoso y compasivo que se dice que por donde pasa, ¡la yerba no muere! No es un cuento. Es verdad. Un verdadero sannyasi es aquel que transpira compasión y amor hacia la Existencia. Un verdadero sannyasi es aquel que sabe que la oración es amor y el amor oración.

Cuando descubres el amor verdadero, tu oración es una expresión del mismo. ¿Qué son los Meera Bhajans? Son las efusiones de Meera, un ser iluminado de la India. Ella

resonó con Krishna, que es la Existencia en Sí misma, y los emanó desde su ser. Por eso los Meera Bhajans siguen siendo famosos. La energía que subyace nunca puede desaparecer porque es la energía Existencial. El amor ordinario no puede sentirse al cabo de tantos años por parte de tanta gente. Solo el amor puro puede irradiar ese tipo de energía perdurable.

Y para Meera, sus bhajans fueron su oración. Cuando descubres el amor verdadero, no hay otro camino. La oración se convierte en amor.

El amor ordinario que conocemos no es más que esperar que alguien satisfaga tu imagen psicológica; alguien que pueda ofrecerte apoyo psicológico.

Necesitas que alguien se ocupe de tus necesidades. Necesitas a alguien que te anime cuando estés desanimado. Necesitas a alguien que simpatice contigo y que confirme tus preocupaciones acerca de ti. Eso es lo que llamas amor. Pero el amor verdadero está más allá de nombres y formas, de cuerpo y mente. Solo una persona que pueda amar al mundo entero más allá de todo eso se convierte en sannyasi. ¡Solo alguien así puede convertirse en un Vivekananda!

Cómo complicamos el amor

Cuando Vivekananda dice: «¡Levanta! ¡Despierta!», ¿quiere decir que estamos dormidos? ¡Pues claro! Estamos dormidos sin saber que lo estamos. Y no hacemos más que emitir juicios mientras seguimos dormidos. Criticamos mientras estamos dormidos. Condenamos cuando dormimos. Creemos estar despiertos y criticamos. Creemos saberlo todo sobre todo, incluyendo el amor.

Una anécdota:

Un hombre tenía una tía rica a la que visitaba regularme.

Codiciaba su riqueza y hacía lo posible por contentarla.

La mujer tenía dos gatos, a los que adoraba.

El hombre lo sabía y se ocupaba religiosamente de los gatos esperando ganársela. Su deseo secreto era que le incluyese en su testamento cuando lo redactase.

Iba a verla a diario, daba leche a los gatos, jugaba con ellos, pasaba mucho tiempo allí y luego se iba.

La anciana estaba muy satisfecha de la manera en que se ocupaba de los gatos. No tardó en fallecer. En su testamento le dejó los dos gatos.

¡Puedes imaginarte la desilusión de aquel hombre! ¡Debe de haberse sentido engañado.

Con el amor ordinario, tienes muchas posibilidades de sentirte engañado. La gente ama por dinero, por los favores que obtiene, por los consejos que les dan, por los descuidos de los demás, que pueden explotar... y por cualquier cosa. El amor siempre tiene una razón.

Pero la gente nunca lo reconoce. No lo acepta porque se autoengañan con su amor ordinario. Piensa que así es como es el amor. Y esas personas creen que mientras ellas son tan cariñosas yo no hago más que despreciar su amor.

Seamos honestos. Si te sientas y piensas un poco por ti mismo, comprenderás que lo que estoy diciendo es verdad. Lleva a cabo una investigación honesta en ti mismo y observa. No tienes más que sentarte e intentar visualizar cómo reaccionarías si tu padre, tu madre o tu hermana actuasen de una manera distinta contigo. Entonces entenderás de qué hablo.

Todos estamos todo el tiempo necesitando algo de alguien y por lo tanto siempre estamos preparando el terrero para obtenerlo como si nada. Ese como si nada, esa manera suave de intentar conseguir cosas es lo que llamamos amor. Y no creas que eso sea solo aplicable a la riqueza material. Incluso cuando esperas que el comportamiento de alguien sea de una manera determinada, actúas siguiendo esa pauta con esa persona. Mientras ambos os comportéis de ese modo, os amaréis. Si alguien mete la pata en algún momento, ¡el amor disminuye!

Fíjate en mí, por ejemplo. Afirmas que me quiere mucho. Todos los presentes tienen una idea particular acerca de cómo comportarse conmigo. Yo simplemente me comporto con cada uno de acuerdo con ello.

Eso es lo que sucede ahora. ¿Qué sucede? Si aunque solo sea en una ocasión no te sonrío o te digo algo que no encaja en tu marco referencial, empiezas a pensar que ya no te quiero.

Empiezas a pensar que quizás no sea tan afectuoso. Empiezas a imaginar por qué te diría lo que te dije, o por qué no te sonreí.

Quizás estaba hablando con otra persona, o quizás me limité a no sonreírte, a dejar que tu ego se asentase un poco, ¡eso es todo! Pero tú no te enteraste de nada y empezaste a interpretar mis actos según lo que pone en tu diccionario del amor. ¿Qué pasará? Acabarás sintiéndote fatal.

Así es como sencillamente complicas el amor. Al menos cuando me llega a mí, ¡por mi parte no hay ninguna complicación añadida! Imagina lo que sucedería cuando dos empezáis a relacionaros de esa manera... ¡Un caos absoluto! ¡Estarías todo el tiempo yendo de amor de baja intensidad u otro más elevado, para volver a caer! ¡Y eso es todo!

La gente me dice: «Swamiji, nosotros amamos a nuestros hijos...».

¿Cuántas veces les habéis maldecido cuando se portaban mal? Una chica me decía en el ashram: «Swamiji, mi madre solo quiere a mis hijos si se portan bien. Quiere que le lleve a los niños para enseñarles los nietos a sus amigos y ¡luego me riñen por el caos que crean!»,

Cuando observas a los niños, te sientes atraído por su inocencia. Eso es una cosa. La segunda cosas es que te hacen sentir orgulloso, proporcionan un estímulo egoico, al ver que son tu creación. Y claro, te ocupas de ellos y les haces felices. Pero lo que estoy tratando de decir es que ese amor también tiene limitaciones y preferencias. Es muy subjetivo y depende de la manea en que se comportan.

Una anécdota:

Un hombre trabajaba en un camino poniendo hormigón.

Acababa de finalizar su trabajo cuando llegó corriendo un grupo de niños del barrio y llenó el hormigón de pisadas.

El hombre se enfadó y les maldijo.

Su amigo le preguntó: «¿Pero qué te pasa? Creía que te gustaban los niños». «Sí, me gustan, pero no corriendo por el hormigón», contestó.

¡El amor ordinario siempre llega con una condición bajo el brazo! Con letra pequeña. Eso es lo que intento explicar. Amamos a la gente dependiendo del nombre, el lugar, las costumbres y las situaciones.

El amor de un ser iluminado

Una anécdota extraída de la vida de Vivekananda:

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Una noche, Vivekananda se despertó a las 2 de la madrugada y despertó a sus discípulos. Sus discípulos se preocuparon y quisieron saber qué pasaba. Vivekananda les dijo que sentía mucho dolor y que el algún lugar del mundo estaba sucediendo un desastre natural, que era lo que le causaba el dolor. A la mañana siguiente, los periódicos anunciaban un terrible terremoto en las islas Fiyi, que había acabado con muchas vidas.

Fue sensible a un desastre que sucedió en algún rincón del mundo ¡a miles de kilómetros de distancia! ¿Creéis que los seres humanos normales pueden ser sensibles? ¡No nos afecta ni siquiera que el vecino esté enfermo!

Una anécdota:

Un hombre llamó a su médico de cabecera y le dijo: «Doctor, creo que debería venir a casa y hacerle un chequeo a mi esposa».

«¿Es que no se encuentra bien?», preguntó el médico.

El hombre contestó: «Eso creo, doctor. Ayer se levantó como de costumbre, se bañó, preparó el desayuno, envió a los niños al colegio, limpió la casa porque la asistenta no se presentó, lavó la ropa, trajo a los niños del colegio, les ayudó con los deberes y se acostó. A eso de medianoche se estuvo quejando de que estaba cansada. Creo que necesitaría que le hicieran una revisión».

¡Qué insensibles nos hemos vuelto! No somos capaces de conectar con la persona que vive con nosotros 24 horas al día durante 365 días al año. Por el contrario, los seres iluminados son muy sensibles al universo que les rodea.

Lo que le sucedió a Vivekananda es lo que denominamos empatía. Cuidado, que no es simpatía, sino empatía. Simpatía es una palabra muy superficial. Todos somos capaces de experimentar simpatía. Cuando alguien te explica sus sufrimientos, tú se lo confirmas; ¡eso es simpatía! Si alguien te cuenta que su esposo está enfermo, tú dices: «Vaya. Qué rabia. Debe usted sentirse fatal. No se preocupe, todo se arreglará». En el nombre de la simpatía les confirmamos su sufrimiento y ellos a su vez nos dicen que somos muy cariñosos y buenos.

En realidad, nos quieren porque estamos de acuerdo en que están sufriendo; es un chute sutil para el ego. Se sienten bien porque estamos reconociendo que pasan por tales preocupaciones. Eso es lo que la sociedad denomina simpatía.

Lo que sienten los maestros no es simpatía, es empatía. La empatía es cuando sientes el sufrimiento ajeno en tu propio ser. La persona en cuestión no tiene que explicarte sus males, porque tú los conoces porque la energía Existencia en ti los siente.

Los maestros son uno contigo, porque son uno con la Existencia, y tú eres parte de la Existencia. Solo tú los percibes separados. Y como son uno contigo, sienten tu dolor en su corazón. No conocen otra manera de hacerlo. Y también cuentan con la capacidad de observar el dolor que llega asociado.

El amor ordinario da a luz hijos mientras que el verdadero amor da a luz a tu propio ser. Te das a ti mismo un nuevo nacimiento, una transformación. De igual manera que la oruga se convierte en mariposa, el ser humano se convierte en un alma realizada. Despiertas al amor energetizador que duerme en ti.

Un maestro te trasforma con su amor. Siempre digo a mis discípulos: «Cuando soy compasivo, os estoy engañando y cuando escupo fuego (riño), os estoy enseñando». Sea como fuere, ¡creces! A veces demuestro mi compasión de una manera muy cariñosa de forma que resultes más maleable para mis dedos transformadores. A veces muestro mi compasión simplemente enfadándome para sacudirte y que entres en una conciencia más profunda. En ambos casos, la única razón es puro amor por ti.

Un maestro es un océano de amor infinito y solo sabe dar. Si te acercas a él con un cuenco, te llevarás un cuenco de él contigo. Si te acercas a él con un aguamanil, te llevarás un aguamanil de él. Todo depende de lo sediento que estés, eso es todo. Cuanta más sed tengas, mayor será el recipiente con el que te acerques.

Pero él siempre está ahí, observándote llegar hasta él con recipiente de diversos tamaños y riéndose para sí ante tu incertidumbre, ¡ante el juego de tu mente que proyectas en él!

Tenlo muy claro: no te estoy pidiendo que ames a Dios o a un maestro. Para ti es muy difícil amar algo que no has visto. Pero puedes amar todo lo que ves, ¿verdad? Puedes amar a los animales, las plantas, la gente y muchas otras cosas. Ámales sencillamente sin razón, excepto por la dicha de amar.

Siente una profunda conexión con todos ellos y ámalos. Una vez que empieces, desarrollarás cierta fe en la Existencia porque esta es el hilo común que discurre a través de todas esas cosas. La fe es algo que no se te puede imponer. Si se te impone, albergarás un profundo resentimiento hacia el objeto de fe.

Cuando la fe ocurra, lentamente, tu amor se convertirá en amor hacia toda la Existencia. Entonces, la religión esencial echará raíces en ti: la religión de gratitud y amor.

Gratitud y amor están muy relacionados. Cuando experimentes gratitud en el centro de tu ser, en ti solo habrá amor, nada más. El primer paso para sentir amor verdadero es sentir gratitud. Mientras exista el descontento en tu sistema, no podrá haber amor verdadero. Gratitud y amor van de la mano.

¡Desaparece! Eso es amor

Algunos me dicen: «Swamiji, amo a todo el mundo. Ni siquiera hago daño a una hormiguita...».

¿Por qué pretendes autoengañarte diciendo todo eso? ¿Es que acaso amas a tu vecino de todo corazón? Te diré el qué: es muy fácil ir diciendo cosas tipo «amo a todo el mundo», ¡porque no tienes que hacer nada tangible para demostrarlo! ¡La gente puede continuar diciendo que ama al mundo entero y no hacer nada al respecto! No tiene que hacer nada especial para demostrarlo. El mundo, al fin y al cabo, es una entidad intangible; carece de una representación clara.

Pero cuando dices que amas a tu vecino, ¡empiezan los problemas. Has de verle la cara a diario. ¡Debes hacer algo tangible para demostrar tu amor hacia él! ¡Entonces tienes un problema!

¿Y cómo puede sentirte de maravilla al no haber hecho ningún daño a una hormiga? ¿Es que acaso una hormiga puede violar tu propiedad o persona? ¿Puede comprobar el amor que sientes por ella? Si es apenas visible y tú me estás hablando de ella. Esas son maneras de escurrir el bulto, de escapar de la verdad.

Intenta comprender esto: tu naturaleza inherente es amor y el amor es permanente. El resto de las emociones van y vienen. Eso es todo. Estás atrapado en el pensamiento de que el resto de emociones son reales y de que están destruyendo el amor. El amor no puede ser destruido. Si el amor pudiera destruirse, hace tiempo que se hubiera extinguido.

Cuando amas de verdad, las emociones opuestas no pueden entrar en ti. Simplemente quedan excluidas. ¿Puede la oscuridad penetrar en una habitación iluminada? ¡No! Solo puede hacerlo cuando apagas las luces. De la misma manera, el resto de emociones pueden entrar en ti solo cuando no conoces el amor verdadero. Cuando resplandeces de amor no hay manera de que pueda entrar ninguna otra emoción.

Pudieras haber experimentado que cuando haces algo con intensidad te olvidas de ti mismo. Puede tratarse de cualquier cosa, de algo tan simple como colorear, pintar o leer... o cualquier cosa. Cuando profundizas en ello te olvidas de ti mismo. Cuando sufras un fuerte dolor de cabeza intenta realizar alguna actividad con intensidad. En el momento en que profundices en algo más y pierdas conciencia de tu cabeza, el dolor desaparecerá. Solo cuando recuerdas la cabeza puedes tener jaqueca.

Cuando profundizas en cualquier emoción, solo la emoción permanece, y dejas de existir. Eso es lo que queremos decir con «totalidad».

Pudieras experimentar durante unos pocos segundos ese momento en que «tú» desapareces. Pero si te esfuerzas en ser intenso y total en todo, esa experiencia del «tú» desapareciendo sucederá más a menudo y durante períodos más largos. No tardarás en dominar el arte de trabajar intensamente, ¡y estar ausente!

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De la misma manera, cuando resplandeces de amor, no te sientes a ti mismo, solo sientes amor; te conviertes en amor. Solo cuando te conviertes en amor es que has descubierto el amor verdadero. Cuando te conviertes en amor automáticamente transpiras compasión hacia todo el mundo y todas las cosas que te rodean. Aceptas más responsabilidad en lo que te rodea. Esta responsabilidad de servir a la gente no procede del ego, sino de la energía de amor que rebosa en ti.

Amor y responsabilidad

Amor y responsabilidad siempre van de la mano. Cuando amas realmente, también aceptas toda la responsabilidad. La gente cree que los sannyasis huyen de la responsabilidad. Entiéndelo bien: cuando renuncias a ser responsable respecto a tu propia familia, estás aceptando la responsabilidad de una familia mucho mayor, de toda la humanidad, de una familia millones de veces más amplia que la tuya. Es algo que la gente no comprende y que simplemente critica.

La responsabilidad es algo de lo que te puedes zafar con facilidad. Cuanta más responsabilidad aceptas, más te expandes ¡y la energía divina fluye automáticamente en ti! Siempre les digo a mis curanderos que acepten tanta responsabilidad como puedan por el sufrimiento y el dolor que les rodea y que curen a la gente continuamente.

Cuando sientes que eres responsable del dolor que sucede a tu alrededor, automáticamente das un paso al frente para ayudar a reducirlo de una u otra forma. La gente a menudo considera que basta con hacer algo por su propia familia. Esa es una contracción, no expansión. Necesitas expandirte para que el crecimiento pueda suceder. La existencia fluirá automáticamente cuando aceptes la responsabilidad.

La gente me dice: «Swamiji, me basta si puedo alimentar adecuadamente a mi familia». Has de tener esto muy claro: eso no es más que una excusa para reducir los límites a tu alrededor, una manera de contraerte. Tal vez conozcas las famosas palabras de Bodhidharma:

Buddham sharanam gachami Dhammam sharanam gachami Sangham sharanam gachami

Significan: Me entrego al Buda; Me entrego al Dharma, las enseñanzas del Buda; Me entrego al Sangha, o institución creada por el Buda. Entregarse al Buda o a cualquier maestro es muy fácil. No requiere mucho esfuerzo. Los maestros resultan tan cautivadores a causa de su divinidad. No hace falta esforzarse mucho para rendirse ante ellos. La gente me dice que en el momento en que me ven, sienten cierta fe en mí. Y yo te digo que eso no es nada del otro mundo. La energía Existencial que fluye a través de esta forma te atrae, ¡eso es todo!

La siguiente frase: Me entrego a las enseñanzas del Buda, resulta algo más difícil de seguir al principio, porque en el momento en que lo dices, ¡debes demostrar que lo estás haciendo! Por ejemplo, si dices: «Sé dichoso», es mi enseñanza. ¿Qué dirías entonces?: «No, no, Swamiji, no es práctico...». Más vale que lo tengas claro: yo solo digo cosas prácticas. Tú empiezas pensando que estoy iluminado, que no sé nada de lo que tú consideras la vida práctica.

Solo digo aquellas cosas en las que tú puedes convertirte en la vida cotidiana. Cuando digo «Sé dichoso», estoy compartiendo mi experiencia contigo. No solo estoy predicando unas palabras. Más vale que lo entiendas desde el principio. Cuando digo «Sé dichoso», estoy llevándote a experimentar la dicha en la que yo soy. Y eso es perfectamente práctico porque estoy vivo, aquí, frente a ti, ¡experimentándola!

La tercera línea dice: Me entrego a la institución creada por el Buda. Aquí empieza el problema. Se requiera una tremenda responsabilidad.

Comprende que los maestros viven más en su misión que en su cuerpo. Solo el 33% de su energía radica en su cuerpo. El 66% restante está en su misión y enseñanzas. Ese es el tipo de responsabilidad que han aceptado. Siempre le digo a la gente que obtengo mi energía de mi movimiento, no de los alimentos que consumo.

Los maestros nunca nacen para cumplir un karma o deseos insatisfechos en ellos mismos, porque no tienen ningún karma que cumplir. Nace a causa de una total compasión, de puro amor para avivar la divinidad en las personas.

Los maestros viven más en sus palabras y movimiento que en su cuerpo. Por eso siempre te digo que no te quedes con mi forma y te tornes sensible a la energía de mi misión.

¿Pero qué haces? ¡Continúas agarrándome del codo todo el tiempo! En lugar de dedicarme a realizar mi trabajo, que es tu propia floración, te enganchas a mí y quieres estar siempre a mi lado. Nunca lo entiendes cuando te lo explico.

Entiende que cuando realizas la tarea requerida en una misión divina, estás haciendo dos cosas. Una es meditar para tu propio desarrollo espiritual, la segunda es servir a la sociedad, siendo ésta la mayor responsabilidad. La segunda no es más que un derivado de la primera. La transformación que tiene lugar en ti mientras llevas a cabo esa labor es en realidad ¡la misión de transformarte!

¡Así que acepta la responsabilidad con alegría! Sentirás desarrollarse en ti el amor desinteresado. El mundo entero se convertirá en tu familia. Cuando te veas frente a responsabilidades aparentemente muy pesadas, asiente con la cabeza y acéptalas. Basta con asentir sin resistencias. Del resto se encargará la Existencia.

¿Has oído hablar del Mysore pack, el famoso dulce indio? Parece y da la impresión de ser pesado, pero en el momento en que te lo llevas a la boca se deshace, se disuelve y te proporciona una renovada fuente de energía. De la misma manera, cuando simplemente asientes con la cabeza frente a cualquier responsabilidad importante, inmediatamente obtienes la energía para ejecutarla. El acto mismo de aceptar la responsabilidad te aporta la energía necesaria. Esa es la energía afectuosa de la Existencia que necesitas descubrir en ti mismo.

Para aceptar responsabilidades, has de amar toda la Existencia, sin discriminaciones. Cuando amas sin discriminaciones, puedes aceptar responsabilidades sin discriminaciones. La responsabilidad no es más que la capacidad de responder con espontaneidad. Cuando puedes responder sin pensártelo, sin un plan, cuando estás dispuesto a lo que sea, ¡es que has llegado!

P: Quiero ser afectuoso pero soy incapaz de soltar...

Ser totalmente afectuoso es un gran desafío para el ego. Ser totalmente afectuoso es fundirte con el Todo. Eso es muy problemático para el ego. Ahora estás fragmentado; no estás integrado. Cuando estás fragmentado te limitas a jugar con tus distintos fragmentos y a escapar, eso es todo. Ser afectuoso significa estar integrado. Pero tienes miedo, porque cuando estas integrado, te desarrollas íntegramente. Tus partes han de morir y devenir íntegro, uno.

Estás tan acostumbrado a estar fragmentado que cuando has de integrarte te sientes amenazado. Tu ego se niega a permitir que algo así suceda. Cuando te tornas afectuoso, estás fundiendo tu ego. Antes, tu ego era duro; era sólido y tú te sentías bien. ¿Qué sucede cuando el ego se funde, se deshace? Te sientes como si perdieras la identidad, la sujeción.

Si decides soltar al menos una vez, sentirás una liberación tremenda, una liberación en tu interior. Hace falta valor para soltar y ser afectuoso. Da al menos un primer paso y sé consciente de ese profundo interior en ti; el resto sucederá de manera automática. La conciencia es la llave para abrir cualquier cerradura.

Cuando empiezas a amar más allá de nombres y formas, no estás perdiendo nada, solo sueltas lo que no eres, la ilusión que necesitas soltar. Lo que obtienes es realidad. Así que ten fe y no temas cuando te descubras fundiéndote con el todo.

Suelta y observa la transformación interior que sucede en ti. Comprenderás lo absurdo de haberte apegado a la manera de hacer del ego; comprenderás todo lo que te has estado perdiendo por ocultarte tras la máscara del ego.

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Y ten bien claro que el verdadero amor nunca hace cálculos. El verdadero amor procede del corazón y este nunca calcula. Solo la mente calcula. Es hora de trasladarte de la mente al corazón. Ya has escuchado a la mente suficiente tiempo. Decídete ahora y escucha al corazón. Cuando vives con el corazón nunca te arrepientes de nada en la vida porque existe completud en todo lo que haces.

Con la mente nunca experimentarás amor verdadero. Solo puedes experimentarlo con el corazón. El amor debe experimentarse en el centro de tu ser. El centro de tu ser es totalmente silente; desconoce las palabras y los pensamientos. Ningún pensamiento puede penetrar en el mismo.

Por eso los maestros te repiten que profundices en ti mismo para descubrir tu verdadera naturaleza. Tu centro es tu verdadera naturaleza. En realidad eres . Pero intentas encontrarte a ti mismo en otros sitios: en las relaciones, en las cosas materiales y en lo que sea. Siempre te equivocas al buscar la verdad. Ahora es el momento de buscar dentro.

Hablamos del amor todo el tiempo sencillamente porque lo extrañamos, sencillamente porque no lo hemos saboreado. Cuando una persona tiene sed, habla y sueña con agua todo el tiempo. En el momento en que sacia su sed, deja de hablar de ella. Necesitamos soltar y experimentar el amor verdadero, el amor que te funde con el todo. Y entonces dejaremos de hablar del mismo.

En realidad el amor es entrega. Pero para la mayoría de nosotros se convierte en una lucha. Cuando digo entrega no me refiero a rendirse por aceptación. Quiero decir entregarse a partir de una profunda comprensión. Cuando te entregas a partir de la aceptación, estás llegado a un compromiso. El amor nunca puede ser un compromiso. En el momento en que te comprometes, deja de existir amor. Solo cuando comprendes y te disuelves aparece el amor.

Cuando estás con un maestro dispones de la oportunidad de tu vida para descubrir el amor; cuentas con la oportunidad de morir y resucitar en verdadero amor. El proceso alquímico que tiene lugar en presencia de un maestro no te da más opción que morir y renacer con amor verdadero. Todo lo que has de hacer es estar dispuesto a disolverte en su presencia. Si tienes el valor de hacerlo estás dispuesto a dar un salto hacia la conciencia más elevada llamada amor.

El amor no es un objeto, es el sujeto. Eres tú. Tú te conviertes en amor, eso es todo. Entonces empiezas a amar sin una razón. Amarás los árboles, las flores, la tierra y todo lo demás. Irradiarás amor y te fundirás con la Existencia.

La raíz es amor

Ya lo ves, cuando te desarrollas en el amor, aprendes a incluirlo todo y a todos. Cuando veas a un maestro comprenderás lo inclusivo que es. Nunca excluye nada ni a nadie. No ve las imperfecciones de nadie. Es puro amor, eso es todo. Y al amor puro no ve imperfecciones.

La Existencia es puro amor. La sociedad siempre es contraria al amor puro. En su interior, la sociedad es en realidad contraria a la Existencia o a Dios. Toda esa veneración es mera hipocresía. Se oculta en el nombre de la veneración. ¡La mejor manera de no creer en nada en empezar a venerarlo! La sociedad se escapa en nombre de la veneración, de la devoción. Cuando veneras, ¡no tienes que hacer nada más! Y la gente no te molesta, ¡porque estás venerando! ¿Pero qué sucede en tu espacio interior? Sigue igual que antes.

La sociedad nunca aprueba el soltar y amar a todas las plantas y animales. Te dirá que estás loco. Solo aprueba el amor gobernado por el toma y daca; el amor que llega por una razón.

Pero te digo lo siguiente: no te rindas. Sigue amando con todo tu corazón. Descubre a la Existencia en todo. Siente las plantas con ternura en el corazón. Observa a los animales como si fuesen tú. Considera a cada persona, piedra o árbol como una parte de Dios. Esa es la verdadera veneración. Es fácil venerar a Dios en el templo. Pero la verdadera veneración es a Dios en todo. Empieza por tu vecino.

La gente nunca va a la raíz de las cosas; ese es el problema. La raíz de Dios es amor. La raíz de Dios radica en verle en todo. A la gente le asusta ir a la raíz, así que se engañan con las capas superficiales. No tienen el valor de explorar más allá de cierto punto en nada en la vida. Por eso tampoco te permiten explorar a ti. Te dicen que lo que han descubierto es la verdad. Te cuentan que basta con hacer caso a lo que te dicen.

Ten el valor de profundizar y amar. Empezarás a sentir el hilo común de la Existencia en todo lo que veas. Entenderás que todo lo que ves son sucesos ilusorios colgando del hilo auténtico de la Existencia. Automáticamente empezarás a amarlo todo de la misma manera, sin ningún problema, porque solo verás Existencia en todo. Ese es el verdadero cambio de conciencia.

Puedes hablar durante años de la Existencia o de Dios, y seguir sin haberlo experimentado. Sí, claro, tu ego será muy agradable y sólido porque sentirás que sabes mucho de Dios. Pero si profundizas, no hallarás ninguna experiencia sólida. Y como careces de ella, seguirás atrapado en las palabras, porque si dejas de hablar no queda nada; no hay experiencia.

Así que empieza sintiendo amor hacia todo sencillamente por lo que es. Comprende lo siguiente: os hablo porque están aquí. Si no estuvieran aquí, continuaría hablándole a este baniano, ¡a esos animales! Todas las hojas hablan. ¡Ese es el lenguaje del amor!

Durante años he repetido que pertenecemos a una avanzada especie animal. Pero dejémoslo claro, ni siguiera los animales son simplemente animales. Y todos y cada uno de los átomos de esta tierra es divino, una parte de la Existencia. Si lo entiendes claramente podrás empezar a sentir todo lo que te rodea.

Tu mente no necesita amor, pero tu ser sí. El amor es una aventura en la que te disuelves. Cuando no eres, el amor es. No tenemos el valor de «no ser», así que nos aferramos; nos retiramos del amor incondicional.

Quienes están dispuestos a aceptar la aventura de la disolución, de experimentar el todo, son los valientes. El amor ordinario que conoces es como luchar entre cuatro paredes. El verdadero amor es como luchar en el frío de las calles despejadas. Los valientes lucharan en las calles y vencerán. Cuando luchas entre de cuatro paredes, te sientes bien, pero estás pasando por alto la realidad. Cuando estás dispuesto a luchar en las calles, ¡estás en la realidad y vivo!

No tienes por qué sentir miedo de luchar a cielo abierto. Si luchas sabiendo que lo estás haciendo bajo la compasiva mirada de la Existencia, no tienes nada que temer porque aunque caigas ¡lo harás en el regazo de la Existencia! Pero has de tener el valor de plantarte y luchar. Ese es el paso que das a tu favor. Del resto se ocupará la Existencia.

Eso ocurrirá si sientes algo más que curiosidad por conocer la verdad. No basta con mera curiosidad. Si eres simplemente curioso, llegarás, mariposearás y te largarás. Si sientes algo más que curiosidad, si en ti existe un ardiente deseo que se manifiesta de vez en cuando, puedes empezar a conocer, experimentar la verdad. Si solo eres curioso no habrá devoción o dedicación. Pero si en ti sientes un fuego, tendremos devoción, dedicación. La dedicación es lo que te trae aquí, una y otra vez.

Por mucho que intentes huir de aquí, ¡no podrás! Puede que te alejes unos cuantos días, pero ese ardiente deseo interior te traerá una y otra vez. Para descubrir el amor verdadero has de contar con esa intensidad en tu interior.

El amor te convierte en bello y rico

Ama todo lo que puedas, sin pedir nada a cambio. Amar por una razón no es amor; es un trato comercial. Cuando puedes amar sin razón, cuando puedes amar a todo y a todos los que se cruzan en tu camino, liberarás una tremenda energía y belleza. Parecerás hermoso independientemente de que lo seas o no físicamente.

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No creas que el amor incondicional no te devolverá nada. Te devolverá cosas en diversos modos. Deberías evolucionar hasta el extremo de ver llegar esas cosas y continuar amando, en aras del amor. Tu inteligencia te permitirá ver lo que obtienes a cambio, ¡y esa misma inteligencia también hará que permanezcas dichosamente inalterado por ellas!

En tu corazón tendrá lugar un cambio revolucionario y serás una persona nueva. La gente percibirá un hermoso cambio en ti. Desarrollará un nuevo respeto por ti. Verá que floreces de una manera incomprensible para ella.

Serás capaz de amar incondicionalmente, necesitarás sentirte libre. ¿Qué quiero decir con lo de libre? Pues no limitado por cuestiones de casta, credo, secta, religión, familia, conocidos y cosas por el estilo. Porque cuando estás limitado por todo ello, tu amor permanece limitado, y un amor limitado no es verdadero amor. ¿Cómo puedes amar con limitaciones? ¡Eso va contra la mismísima definición del amor!

No estoy diciendo que deberías olvidarte de la familia, la religión, etc. Pero no percibas el amor en el contexto de todo eso. Libera tu espacio interior de esas ataduras. Cuando sientes que perteneces a la existencia, puedes amar sin limitaciones.

Siempre le digo a la gente que si puede sentir el amor que siente hacia mí pero hacia los demás, entonces tendrá una vislumbre de lo que es el amor verdadero porque, como ya te he explicado, ¡amarme a mí es muy fácil! Pero si puedes sentir el mismo amor que sientes hacia mí por los demás, entonces habrás entrado en la corriente del amor verdadero; entonces habrás empezado a sentir la Existencia en todo. Entonces, lentamente, llegarás a abrazarlo todo y a todos como parte de la Existencia.

Ahora practicaremos una sencilla pero muy eficaz técnica de meditación llamada Mahamantra, a fin de experimentar la fuente de energía en nuestro interior. Esta meditación también está muy bien para energetizar el chakra anahata, sito en la región del corazón.

Emoción: amor

Chakra: anahata

Situación: región del corazón

En sánscrito, anahata significa «lo increado». El amor puro nunca puede crearse. Florece por sí mismo.

Este chakra se cierra cuando buscas la atención y el amor de los demás, y florece cuando expresas amor desinteresado, ¡sin esperar nada a cambio!

Técnica de meditación para devenir una fuente de energía de amor: Meditación Mahamantra, una técnica del budismo tibetano.

Meditación Mahamantra

(Duración total: 30 minutos. A practicar con el estómago vacío).

La meditación Mahamantra es una antigua técnica budista tibetana para ayudarte a sentir la fuente de energía en tu interior. Creará un buen fluido de energía en ti. Te llenará de energía hasta el borde, de manera que dejes de buscar la atención de los demás, en su lugar empieces a ofrecer energía y amor a los demás como resultado de una desbordante energía en ti. Esta técnica despertará el chakra anahata, situado en el centro del corazón.

También proporcionará firmeza y estabilidad a tu mente. Tu mente oscila mucho debido a los pensamientos. Esta meditación serena tu mente al hacerla entrar en la zona inmental. Es como un trampolín al infinito.

Mientras practicas esta meditación puedes llevar el mala (rosario) en el cuello. Servirá para almacenar la energía que crees durante la meditación.

Esta meditación debería practicarse con el estómago vacío, preferentemente por la mañana temprano o dos horas después de cualquier comida. Puede practicarse a solas o en grupo. Cuando se practica en grupo energetiza el lugar donde se realiza.

Permite que te explique la técnica.

Siéntate cruzando las piernas y adoptando una postura cómoda en el suelo. Mantén la cabeza, el cuello y la columna vertebral en línea, derechos. Quienes no puedan sentarse en el suelo pueden hacerlo en una silla. Siéntete relajado y cierra los ojos. Incluso tras cerrar los ojos vemos formarse imágenes por detrás de los párpados. Para controlarlo, imagina que tus globos oculares se han vuelto de piedra. Endurécelos con presión mental y las imágenes se desvanecerán. El movimiento de los ojos está muy relacionado con el movimiento de los pensamientos en la mente. Por eso se te pide que detengas el movimiento de los globos oculares. No te preocupes mucho de su interrupción. Continúa con la meditación.

Mantén las labios juntos y produce el sonido «mmmm...» desde el interior. Si tuvieras que meter el rostro en el interior de un contenedor vacío de aluminio y hacer un sonido parecido a un zumbido, el sonido generado sería algo así. Fíjate que no es «Hum...», ni «Om...». Simplemente mantén los labios juntos y produce el sonido «mmmm...». Este zumbido debe ser todo lo prolongado posible antes de iniciar la siguiente inspiración. Deberá ser todo lo hondo y profundo posible, desde el centro del ombligo, y tan audible como sea posible.

No te esfuerces en respirar hondo tras cada «mmmm»; el propio cuerpo inspirará cuando lo necesite. No te pongas tenso. Concentra todo tu ser y energía en crear esta vibración. Conviértete en el zumbido. Deja que el cuerpo se llene de la vibración del zumbido. Luego, pasado un tiempo, sentirás que el zumbido continúa sin que te esfuerces en crearlo ya que ¡te has convertido en un oyente!

Detén el zumbido al cabo de veinte minutos. Si estás con el CD, escucharás: «¡Stop!». Detente tal como estés, de repente. No esperes a finalizar una respiración, detente de repente. Tras detener el zumbido, mantén los ojos cerrados, permanece silente e inactivo durante 10 minutos con una sonrisa en el rostro y sintiéndote dichoso. Si llega algún pensamiento, permite que lo haga. Limítate a observar tu mente como si mirases la televisión. No te resistas a los pensamientos ni los juzgues. Permanece en silencio y dichoso. Durante ese tiempo, la energía creada por los 42 minutos de zumbido penetrará por todos los rincones de tu ser y los limpiará en profundidad.

Al cabo de 10 minutos, con mucha lentitud, puedes abrir los ojos. Intenta hablar poco durante la siguiente media hora por lo menos.

Gracias.

Capítulo 3

Vivir sin preocupaciones

¿Qué es preocuparse?

¿Puede decírmelo alguien?

(Contesta una mujer...) Swamiji, nos preocupamos cuando pensamos en los problemas de nuestro negocio o cuando pensamos en nuestros hijos o en nuestra salud...

De lo que estás hablando son de las razones para preocuparse. Pero no estoy preguntando acerca de las razones para preocuparse. Estoy preguntando «¿qué ES preocuparse?». Si me contestas enumerándome las razones para preocuparse, ¡esta sesión será el cuento de nunca acabar! Cada uno de los presentes tendrá una lista bien larga...

Swamiji, mi negocio no funciona...

¡No disfruto de paz mental en casa! ¡No se imagina la de problemas que tengo...! No tengo hijos. ¡Esa es mi preocupación! ¡Mi preocupación son mis hijos!

Todos tenemos preocupaciones todo el tiempo. Y si no podemos encontrar preocupaciones, nos preocuparemos ¡por no tener preocupaciones! Cuando no tenemos preocupaciones ¡empezamos a sentirnos inseguros! Algunos jubilados me dicen: «Swamiji, no sabemos qué hacer. Los hijos se casaron y se fueron a vivir a sus propias casas. No nos piden nada; no tenemos nada en que pensar. No tiene sentido seguir viviendo, Swamiji. Queremos morir en paz».

No saben qué hacer porque ¡carecen de preocupaciones! Intentan con todas sus ganas pensar en algo para mantener sus mentes ocupadas, ¡pero no se les ocurre nada! Es una novedad para ellos porque hasta entonces han estado siempre ocupados con una u otra preocupación, con uno o varios pensamientos.

Antes de definir la preocupación, me gustaría que reconocieses que sea cual fuere nuestra cultura, situación económica, edad o cualquier otra cosa, todos tenemos una cosa en común: ¡la preocupación!

Si te pregunto por qué te preocupas enumerarás muchas razones. Siempre crees que preocuparse está provocado por cuestiones externas y siempre echas la culpa de ello a las personas que te rodean.

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Si la causa de las preocupaciones fuese externa, entonces al menos habría alguien que habría conseguido vencer todas esas causas y estaría libre de preocupaciones, ¿no? Todo el mundo tiene una u otra preocupación, ¿no? Tanto si son ricos como pobres, casados o solteros, con hijos o sin ellos, trabajadores o con negocio propio... Todo el mundo parece andar preocupado.

Y la razón –aunque consideremos que la causa de la preocupación sea externa–, la causa para preocuparse radica en lo más profundo de nosotros mismos. Por eso todo el mundo tiene una u otra preocupación todo el tiempo.

Así que regresemos a la pregunta: «¿qué es preocuparse?».

Si profundizamos, descubriremos que la preocupación no es más que tu respuesta a un suceso. El que una situación te preocupe o no, depende por completo en la manera en que elijes reaccionar ante la misma.

Por ejemplo, imagina que tu amigo consigue un trabajo nuevo, llega y te cuenta las gratificaciones y beneficios que incluye. ¿Cómo reaccionarás? Inconscientemente, te dirías: «Vaya, ha conseguido un trabajo nuevo. Qué de beneficios incluye. ¿Y yo? ¿Qué diría mi mujer si se enterase de tanto beneficio y gratificación? Mejor que este tipo no conozca a mi mujer o tendré problemas. ¿Debería empezar a buscar otro empleo? Yo no tengo tanta suerte...».

¡Eso es preocuparse! Un raudal continuo y no deseado de palabras que sucede en nuestro interior todo el tiempo.

Por qué y cómo nos preocupamos

Preocuparse es lo que sucede cuando te comparas constantemente con marcos de referencia externos y te lo repites continuamente. Con el tiempo, eso se convierte en tu configuración mental.

Tu propia configuración mental se torna preocupación.

Piensas:

¿Me lo monto tan bien como mis vecinos?

¿Cómo puedo impresionar a mi jefe?

¿Qué van a pensar mis hijos?

Todo el tiempo necesitamos obtener la aprobación de los demás, sea de la familia, del trabajo o de la sociedad. Eso conforma la mayor parte de nuestras preocupaciones. Nuestra vida no es más que un proceso de recopilación de certificados de los demás. Si los demás no nos siguen dando certificados de Buen Marido, Buen Empleado, Buen Vecino, nos preocupa que nuestra vida carezca de sentido. Conformamos nuestra personalidad únicamente a partir de los certificados ajenos. Hemos dejado de confiar en nosotros mismos; ese el problema.

De niños, todos estuvimos muy centrados en nuestro propio ser. ¿Has visto a algún niño preocuparse de lo que la gente pudiera pensar de él? ¡No! Un niño es hermoso porque carece de preocupaciones. No le preocupa nada de lo que los demás digan de él.

Al crecer, la sociedad nos enseña a valorarnos a través de las ideas y opiniones ajenas. La sociedad nos convierte en dependientes del apoyo externo, de la certificación ajena, en todos nuestros actos y palabras. Por eso siempre andamos preocupados por lo que otros pudieran decir de nosotros.

También, cuando te preocupas por algo, sientes que cuentas con un punto de referencia definido con el que orientar tu vida. Por eso preocuparte le proporciona una dirección a tu vida. Sin preocupaciones sentirías que careces de eje en el que discurrir. Y por eso alimentas tus preocupaciones.

Permite que te cuente una anécdota:

Había tres hombres sentados en una isla abandonada.

No sabían cuántos años llevaban allí.

De repente, uno de ellos encontró una botella y la agarró.

La frotó con las manos y apareció un genio del interior.

Se quedaron de una pieza.

El genio les dijo: «Gracias por liberarme de la botella. Cada uno de ustedes puede pedirme un deseo y yo se lo concederé».

Todos se emocionaron mucho y se lo pensaron un rato.

El primer hombre dijo: «Quiero casarme con mi novia y vivir feliz».

El genio dijo: «De acuerdo, su deseo se cumplirá».

El primero hombre desapareció de la isla y el genio miró ahora al segundo.

El segundo hombre dijo: «Quiero llegar a ser un rico hombre de negocios».

El genio dijo: «De acuerdo, su deseo le será concedido».

El segundo hombre desapareció y el genio le preguntó al tercer hombre qué quería.

El tercer hombre dijo: «Voy a echar de menos a mis dos amigos, que han estado conmigo durante todos estos años. ¡Quiero estar con ellos!».

El genio dijo: «De acuerdo», y desapareció, dejando a los tres hombres tal y como estaban al principio, ¡en la isla abandonada!

El tercero estaba en realidad apegado a su preocupación ¡que era quedarse atrás en la isla abandonada! Eso es lo que quiero decir cuando digo que ¡le tenemos mucho cariño a nuestras preocupaciones! Aseguramos que nos hacen desgraciados pero estamos muy apegados a ellas.

Hay gente que llega y me dice: «Swamiji, mi negocio va cada vez peor. El mes pasado tuve grandes pérdidas y sé que este mes será incluso peor».

Así que les pregunto: «Si ya lo sabe, ¿por qué no cierra ahora mismo? ¿Por qué sigue sufriendo?».

Pero me miran asombrados. Y me preguntan, incrédulos: «¿Pero qué dice, Swamiji? ¿Qué haría entonces?».

En el momento en que te ofrezco solución para tu preocupación, tú te agitas porque sin una razón para preocuparse, tu ego ¡pierde la razón de su existencia! Por eso elijes seguir en la dimensión de la preocupación. Cuando estás preocupado, sientes que eres alguien. Te sientes sólido.

Mientras que, cuando no tienes preocupaciones eres dichoso, ¡pero en esa dimensión no eres nadie! No hay material para mantenerte ocupado. No hay nada que resolver. Te sientes inseguro, como una nulidad. Por eso te digo que para disfrutar de un estado menos angustiado, en primer lugar has de abandonar el deseo del ego de ser una entidad sólida.

Lo que tiene el preocuparse es, en primero lugar es que se trata de alimentar la mente, mantenerla ocupada. Además, cada persona cree que solo ella tiene un montón de preocupaciones y que solo ella es infeliz, ¡y que todo el mundo es muy feliz! Pero lo curioso es que ¡todo el mundo piensa lo mismo! ¿Cómo es posible?

Una anécdota:

En cierto reino llegó a oídos del rey que todos sus súbditos estaban deprimidos, porque cada uno tenía la impresión de que no podía tener menos preocupaciones, y que el resto de sus conciudadanos carecía de ellas.

Así que el rey anunció la creación de una «Oferta de Intercambio de Preocupaciones», a la que la gente podía traer sus grandes preocupaciones y cambiarlas por las pequeñas preocupaciones de otras personas.

Se preparó un gran espacio y en el centro se colocó una enorme «marmita de las preocupaciones».

Todos los que quisieran podían acercarse, echar sus propias preocupaciones al interior, luego tomar otras que les pareciesen preferibles.

Lo único era que tenían que llevarse algunas preocupaciones.

Todo el reino se reunió para asistir al evento.

La gente circulaba por los alrededores, encontrándose, hablando entre sí sobre sus preocupaciones.

El evento se declaró abierto para el intercambio de preocupaciones al cabo de bastante tiempo.

Pasó el tiempo y no hubo ni una sola persona que se acercase para echar sus preocupaciones en la marmita.

El rey preguntó a sus ministros qué sucedía.

Los ministros replicaron: «Majestad, tras toda la interacción inicial, todo el mundo considera que sus propias preocupaciones familiares ¡son mucho mejores que las de otros!».

Si llegamos al fondo de nuestras pretendidas preocupaciones, comprenderemos que simplemente estamos magnificando cosas que no son tan malas, al fin y al cabo. Simplemente hablamos y hablamos sin profundizar realmente en los temas. Si profundizamos en ellos, nos darnos cuenta de que las preocupaciones en realidad apenas representan un 10% de todo lo que nos preocupamos.

Charla interior y charla exterior

Vale, a continuación analicemos lo que sucede realmente en la mente cuando te preocupas.

Observa tu mente cuanto te estés preocupando por algo. Verás que el caudal continuo de pensamiento es generado en la mente: pensamientos totalmente desconectados y a menudo negativos. Esa oleada de palabras negativas y repetitivas será como una corriente en tu mente.

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Ya lo ves: todos utilizamos dos tipos de expresión hablada: la charla exterior y la interiorizada. La exterior es hablar con los demás, lo que denominamos conversación o charla. La charla interna es hablarnos a nosotros mismos. En realidad, esta charla interna es un proceso continuo que tiene lugar de manera ininterrumpida en nuestro interior, el denominado «parloteo interior», a eso es lo que denominamos «preocupación».

Preocuparse no es más que este parloteo interior, continuo e incontrolable que tiene lugar en nuestra mente. El parloteo interior se convierte en tu amo y toma el control de ti.

Al decir algo externamente, te andas con mucho cuidado porque si no lo haces, la sociedad te pedirá que te andes con ojo. Pero tu «charla interior» no está sometida a ese tipo de control. Si las palabras que expresas exteriormente pueden ser controladas, ¿por qué no pueden controlarse las que suceden internamente?

No controlas lo que sucede en el interior porque careces de autorrespeto. Simplemente dices lo que quieres internamente. ¿Echamos basura en un plato de comida? No. Solo la tiramos al cubo de la basura. Tú tratas a los demás como a un plato de comida y a ti mismo como a un cubo de basura. Por eso te indigestas.

El peligro en las conversaciones externas radica en que habrá momentos en que no haya conversación. Pero el parloteo interior es continuo. ¡Y puede volverte loco! En realidad, en muchas ocasiones hablas externamente solo para escapar de tu parloteo interno. ¡Por eso se habla tanto en el mundo! La gente tiene miedo de permanecer en silencio porque en su interior hay un manicomio. Así que las personas se reúnen, socializan, hablan y se mantienen ocupados

¿A qué nos referimos exactamente al hablar de cháchara interior?

Intenta realizar este pequeño ejercicio cuando estés a solas. Siéntate durante unos pocos minutos con los ojos cerrados. Mantén papel y lápiz cerca de ti. No concentres la mente en nada en particular. Solo observa tu mente. Observa qué es lo que sucede en tu mente. Casi en cuanto cierres los ojos percibirás que hay un caudal continuo de pensamientos que recorren tu mente. Anota, honestamente, los pensamientos que identifiques. Escribe lo que sucede, por muy inconexos que pudieran parecer los pensamientos. Hazlo durante cinco minutos.

A continuación, siéntate y lee lo que hayas escrito. ¡Te asombrará! Todo eso que has anotado en el papel es tu parloteo interior. Si lo lees, ¡te darás cuenta de lo inconexos e irrelevantes que son tus pensamientos! En este momento estás aquí y al siguiente puedes estar en América; luego estarás en tu oficina y en el siguiente instante pensando en tus hijos.

¡Esa es la mente a la que le has confiado tu vida! Esa es la mente que genera todas tus preocupaciones. Esa es la mente que vive tu vida por ti. Si entiendes este paso, el resto será fácil.

Una anécdota:

Un día hubo un accidente en la carretera.

La gente se arremolinó alrededor y vieron que un coche nuevecito se había estrellado contra una pared.

Le preguntaron al conductor: «¿Por qué conduces si no sabes cómo hacerlo?».

«Claro que sé conducir –contestó el hombre–. Lo que no sé es cómo frenar».

¡El hombre sabía conducir pero no sabía frenar! Tú también conduces un vehículo que no sabes cómo detener. Y eso es muy peligroso. Tu mente es como un vehículo que no sabes frenar. Intenta detener tu charla interior, aunque solo sea durante unos pocos segundos. ¿Puedes? Cuando intentas controlarla, aumenta el número de pensamientos. ¡Y tendrás una preocupación más: cómo detener la mente!

No estás conduciendo tu mente; tu mente te maneja a ti.

Para entender las preocupaciones, hemos de comprender en profundidad la naturaleza de nuestras mentes.

El camino hacia la preocupación pasa por la mente, y la salida también es a través de la mente. Pero no dejamos de buscar respuestas en los lugares equivocados. Siempre las buscamos fuera. Pensamos: «Si tuviera más dinero ¡se acabarían todas mis preocupaciones! Si fuese más guapa... Si tuviera un trabajo mejor... Si... Si... Si...».

La solución no puede encontrarse en lo externo. Ha de hallarse en nuestro propio interior.

Una anécdota:

El Buda tuvo diez mil discípulos a los que solía dirigirse cada mañana.

Un día llegó con una cuerda muy anudada y la puso delante de ellos, preguntando: «¿Hay alguien que pueda deshacer este nudo?».

Se acercaron los discípulos, tiraron y trataron de deshacer el nudo pero no pudieron.

Se acercó un discípulo inteligente, observó el nudo durante unos momentos y lo deshizo con facilidad.

Para ver cómo han sido creado el nudo hay que obsérvalo y luego ya puedes deshacerlo. Pero el lugar de ello, tiras y empujas, y así nunca puedes deshacerlo; solo se aprieta más.

Lo mismo puede aplicarse a nuestros problemas. Los problemas, enfermedades, emociones con las que luchas, no son más que nudos en tu sistema. Una vez que comprendes claramente cómo se han creado los nudos puedes dar los pasos adecuados para deshacerlos.

Las preocupaciones están íntimamente relacionadas con el chakra manipura, el centro de energía de la región del ombligo. Los pensamientos negativos atacan directamente al chakra manipura.

Lleva a cabo este pequeño test: siempre que sientas surgir pensamientos negativos, obsérvalos y comprueba de dónde proceden. Descubrirás que siempre ascienden desde el ombligo.

Siempre que te sientes preocupado, cuando surge una situación con la que no puedes, lo primero que queda afectado en la región del ombligo, el estómago. Puedes sentir físicamente la depresión como un peso en el estómago. Por eso siempre decimos: «Me revuelve el estómago, no lo puedo digerir». Esta expresión existe en todos los idiomas. Es universal. La preocupación constante cierra el chakra manipura.

Así pues, ¿cómo liberarse de las preocupaciones?

Crear únicamente palabras positivas

Si te pregunto cómo liberarte de las preocupaciones, me dirás: «Swamiji, nunca deberíamos preocuparnos, en ninguna situación».

Intenta decirte que no debieras preocuparte. ¿Qué pasará? Que añadirás una preocupación más: la de no preocuparte. No digas nunca: «No te preocupes»; es algo completamente imposible. Lo único que puedes hacer es: ¡Dejar de preocuparte de tus preocupaciones!

¿Qué quiero decir con eso de no preocuparse de las preocupaciones? Pues que observes las preocupaciones pero no te dejes perturbar por ellas, eso es todo. La preocupación solo se afianza cuando empiezas a repetirte tus preocupaciones. Eso es lo que quiero decir con: «Deja de preocuparte de tus preocupaciones». No insufles vida a tus preocupaciones. No las alimentes.

Cuando dices, Controla la mente, no pienses negativamente, es como apretar más el nudo de la cuerda. Tu mente se tensa y constriñe más. Eso no te ayudará a deshacer el nudo.

Cuando reprimes, los recuerdos de las supresiones van directamente a tu centro de preocupación. Cuando este centro quede envenenado, todas tus acciones transmitirán una violencia inconsciente. Arrancarás hojas de los árboles, destruirás cosas, harás sufrir al cuerpo, lucharás contigo mismo y con los demás.

Esas son las expresiones sutiles de la supresión. Por eso la mente dice que le arde el estómago de rabia o que sienten el estómago pesado. La rabia reprimida da paso a más negatividad.

¿Qué es la negatividad?

Imaginemos que sufres a causa de un fracaso en un negocio debido a alguna razón. ¿Cómo reaccionarás? Te sentirás triste a causa de tu encuentro con el fracaso. Eso no es un problema. Pero no te quedarás ahí. Dejarás que en tu cabeza entre todo tipo de cosas.

Vaya, esta es mi temporada de mala suerte

¡Estropeo todo lo que toco!

¡No valgo para nada!

¿Por qué tengo siempre tan mala suerte? ¡Y demás!

Eso es negatividad. Es la raíz de la preocupación. El 99% de nuestras preocupaciones nunca son verdaderas. Es solo negatividad. Eso es todo.

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Poco a poco, ese parloteo negativo se solidifica en tu ser, convirtiéndose en una influencia negativa que afecta a todo lo que haces. Y tú eres totalmente inconsciente de esa cristalización; ese es el peligro. Hacerte perfectamente consciente de lo que sucede en tu sistema es una tarea muy complicada porque se ha convertido en tu propia naturaleza. No lo consideras distinto de ti mismo. Sientes que así es como es.

El nombre clínico de esta actitud negativa es depresión. Algunas personas están menos deprimidas y otras lo están más. Cuando más permites que esa cháchara te consuma, más deprimido estarás. La gente que se deprime menos también lo siente ocasionalmente, con una intensidad menor, mientras que los más deprimidos lo sienten todo el tiempo de manera aguda. Pero la corriente fluye en ambas.

Así pues, la depresión o negatividad no es más que una colección de pensamientos negativos, con los que hablas contigo mismo. Y una vez que permites que esos pensamientos entren en tu mente, cada vez que padezcas un pequeño fracaso volverán a hacerse notar. Se dedicarán a reforzar esa actitud. Al fin y al cabo, la preocupación no es más que un hábito muy reforzado.

Pero es un hábito, y por lo tanto ¡lo puedes despachar como a cualquier otro hábito! Como no crees que se trate solo de un hábito; crees que es una realidad sólida. Ese es el problema. Por eso no lo puedes despachar.

Recuerda: la mente es un sistema de registro excelente. Almacena tus patrones de pensamiento negativo, tus complejos y preocupaciones. La mente aprende con dedicación todo aquello que le enseñas. Así es como creas una sólida configuración mental negativa. Así que ten cuidado con lo que le dices a la mente. Siempre tenemos mucho cuidado con lo que hablamos con los demás, pero nunca con lo que nos decimos a nosotros mismos.

Igual que los malos hábitos alimentarios hacen que el colesterol se acumule en tus arterias, el preocuparse constantemente hace que las preocupaciones se solidifiquen en tu ser. De la misma manera que el colesterol crea bloqueos en tus arterias, las preocupaciones crean bloqueos energéticos en tu sistema.

Con el tiempo, el preocuparse llega a formar parte de tu naturaleza; se convierte en un acto inconsciente. Aunque puedas resolver razonando tus preocupaciones, el desánimo continuará presente. ¿Por qué? A causa de todas las preocupaciones, de toda la rabia que has ido reprimiendo a lo largo de los años y que siguen ahí, como una capa invisible en tu ser. Preocuparse es la ola que se levanta de vez en cuando, pero la depresión es el agua misma.

¿Cómo ir más allá de la depresión o negatividad?

Permanece consciente y atento. Siempre que seas consciente de la aparición de pensamientos negativos, visualiza que dispersas las palabras negativas, viendo cómo se alejan. Si continúas haciendo eso, no permitirás que los patrones negativos se asienten, y con el tiempo tu configuración mental, tu programación mental, cambiará. Ya no será negativa.

Si vas más allá de la charla interior aunque solo sea durante unos pocos instantes, conseguirás ser más consciente, más vivaz. Comprenderás que preocuparse es irreal, innecesario.

P: Swamiji**, ¿son los pensamientos una parte de la mente o son una expresión de esta?**

Tu mente o tus pensamientos son lo mismo. No existe diferencia entre mente y pensamientos. La mente es pensamiento y el pensamiento es mente. La mente no es más que la colección de tus pensamientos, de la corriente continua de ideas. Igual las preocupaciones no son más que las palabras con las que te diriges a ti mismo continuamente.

Cuando te preocupes, permítete profundizar en ti, con aceptación y claridad. No temas entrar. Recuerda que aceptación no es impotencia. La aceptación es una gran técnica de meditación. La aceptación libera una gran energía que te proporciona gran claridad y liberación.

Cuando aceptas tus preocupaciones, cuando profundizas en ellas, alcanzarás la tremenda comprensión de que todas tus preocupaciones no son más que tus propias creaciones. Podrás ver cómo la mente juega, provoca tensión en ti.

Cuando digo que tu preocuparte es innecesario, puedes entenderlo solo de manera intelectual. Cuando se convierte en tu propia experiencia, entonces vas más allá de las preocupaciones. Entonces la depresión no puede alcanzarte. Traspasarás la desdicha.

Una anécdota:

Cuando me hallaba en Calcuta, recibiendo clases sobre la Isha Vasya Upanishad, vino un hombre a verme.

Dijo: «Swamiji, tengo un problema. No duermo bien por la noche porque vivo en una zona en la que hay demasiados perros callejeros. Se pasan las noches ladrando hasta el amanecer. Normalmente ya me cuesta dormir, y a causa de ese ruido no puedo descansar».

Le dije: «Vuelva a casa e intente lo siguiente esta noche. Cuando oiga ladrar, suelte la rabia, los sentimientos negativos que se manifiesten en usted. Escuche simplemente el ladrido sin resistirse. Dígase que los perros están ladrando, eso es todo.

No se permita reaccionar frente a eso. El problema no es el ladrido, sino su resistencia a ellos».

El hombre regresó y probó lo que le dije. Volvió a verme al cabo de unos días y me contó: «Swamiji, he intentado soltar mi resistencia como me dijera. En lugar de pensar cómo se atreven esos perros estúpidos a fastidiarme el descanso, me relajé pensando, los perros ladran. Me fastidian el descanso...

Los perros ladran...

Algunos animales crean algunos sonidos...

Para cuando llegué a esa frase creo que me quedé dormido.

Sea como fuere, llevo desde entonces durmiendo excelentemente. ¡Gracias, Swamiji!».

Eso también puede sucederte a ti. Es posible lidiar con cualquier situación si sabes cómo soltar la negatividad, si sabes cómo soltar tu reacción negativa frente a ello.

Pero la mente está muy dispuesta a repetir patrones familiares de cháchara interna. Siempre intenta encasillar las cosas. Está todo el tiempo comparando pasado, presente y futuro y eso crea preocupación.

Suelta las preocupaciones, entra en el momento

Las preocupaciones no son más que patrones de encasillamiento familiares para nuestra mente. Esos patrones familiares se llaman engramas o percepciones memorizadas en el campo de la psicología humana. Los engramas son recuerdos grabados del pasado, que se utilizan como recursos indeseables en nuestro interior para todas nuestras acciones presentes y futuras. A causa de esos engramas almacenados reaccionamos ilógicamente en el presente.

¿Por qué no podemos aceptar cada momento tal y como es? ¿Por qué necesitamos vincular el momento presente con el pasado y el futuro? ¿Por qué debemos buscar consistencia en todo? Y cuando no hay consistencia, ¿por qué resulta tan difícil digerir? Pues porque siempre estamos intentando encasillar las cosas con la ayuda de nuestra configuración mental, con la ayuda de los engramas almacenados; y cuando no podemos, nos preocupamos.

¿Me has visto preocupado alguna vez? ¿Cuántos de vosotros me habéis preguntado cómo me las arreglo para sentirme dichoso siempre? La razón es que simplemente vivo en el momento, eso es todo. No cargo con el pasado como una referencia mental. Tampoco cargo mi mente con el futuro. Las cosas suceden a partir de la espontaneidad, no de patrones.

Muchos habrán visto el rio Ganges fluyendo en el Himalaya. Es muy hermoso. En algunos lugares parece sereno, turbulento en otros, de aguas cristalinas en ocasiones y sucio en otras. La experiencia de una persona del río será allí donde se encuentre con él. Eso es espontaneidad.

¿Pueden dos personas que hayan visto el río comparar sus notas y protestar? ¡Menuda tontería! El río simplemente fluye, ¡eso es todo! Carece de plan. Los maestros iluminados son como un río. Fluyen sin un plan, con espontaneidad, sin preocupaciones.

Pero la gente llega y me dice: «Swamiji, ¡lo que hace entra en contradicción con lo que dice!». La gente me juzga. Dice que soy inconsistente. ¿Cuántos de los aquí presentes se han quejado de mi inconsistencia entre lo que digo y lo que hago? ¡Vamos, que levanten las manos!

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(Al cabo de un buen rato, algunos se aventuran...) Estoy seguro que la mayoría lo ha pensado en algún momento, solo que estos que levantan la mano han tenido el coraje de hacerlo.

¿Quién puede decir que el Ganges es inconsistente? ¿Se puede decir que el Ganges debería fluir de una manera más ordenada? ¡No! Esa es la manera en que fluye, eso es todo. No puedes juzgarle. Un maestro fluye de la misma manera. No puedes decir que soy inconsistente. Vivo momento a momento. Tú vives en momentos interconectados y complicados. ¿Cuál es el resultado? Te sientes agobiado y preocupado.

Cuando son tantos los momentos que has de sopesar, no es de extrañar que te sientas pesado. De la misma manera, cuando solo tienes el momento te sientes ligero. Las preocupaciones aparecen porque conectas presente y futuro mediante patrones antiguos. En ese proceso te saltas el presente, que en realidad es un regalo para ti. Te saltas continuamente el presente en favor del pasado y el futuro. Finalmente, solo queda futuro y pasado, nunca el presente.

Esos patrones que provocan la corriente de preocupación se han convertido para ti en un elemento vital.

Una anécdota:

Dos amigos acudieron a un cine para ver una película de estreno. Uno de ellos se fijó en que el otro no hacía más que mirar su reloj. Finalmente le susurró: «¿Es que no te gusta la película?». El amigo contestó: «Sí, claro que me gusta. Solo me pregunto cuánto tiempo me queda de disfrutarla».

¡La mayoría somos así! Estamos tan sintonizados con el preocuparnos, que incluso cuando no hay nada de lo que preocuparse, ¡nos preocupamos sobre cuánto durará ese estado sin preocupaciones! Cuando disfrutamos nos preocupamos acerca de cuánto tiempo nos queda de disfrute. ¿Cómo vamos a disfrutar de algo así? Cuando no dejas de pensar de ese modo, estás colocándote continuamente en el futuro. Si obras así, ¡te pierdes el placer del momento!

Todo el mundo se siente importante y productivo cuando alberga preocupaciones. En realidad, cuanto más se preocupa una persona, mejor se siente consigo mismo porque le ¡parece que puede manejarse con tanta preocupación! Por eso muy a menudo verás que cuando le cuentas tus preocupaciones a alguien, esa persona te dice: «¡Ah! Eso no es nada. Escucha mis problemas y entonces sabrás lo que es preocuparse». ¡La gente se siente superior al cargar con pesadas preocupaciones!

¿Qué va a pasar si no dejas de pensar en preocupaciones todo el tiempo? Nada, con tus diez preocupaciones aparecerá una undécima, llamada depresión. Eso es todo.

Nos preocupamos mientras trabajamos. Si se está preocupado uno no puede trabajar, y cuando trabajas realmente, no se te ocurre preocuparte. Al existir la preocupación no puede haber creatividad, mas si hay creatividad no puede existir ninguna preocupación. La creatividad es el trabajo de Dios. Cuando creas te acercas a Dios. La creatividad procede del corazón. La preocupación llega de la mente.

El pasado es un bagaje indeseable. Suéltalo

Al ir tras el pasado o pensar en el futuro, pasas por alto el presente. La espiritualidad trata de soltar el pasado y vivir en el presente. Ahora mismo, estás acumulando el pasado. Por ello te sientes empantanado.

No sabes cómo descargar tu pasado. Sientes que tienes que cargar con él. La sociedad te ha enseñado que has de cargar con él. Te han enseñado a sentirte culpable si intentas deshacerte de él.

La sociedad te dice que serás un ingrato si sueltas el pasado. No hay ninguna necesidad de que cargues con el pasado. La gente que te dice esas cosas no sabe que la gratitud es algo que has de sentir continuamente en ti hacia la Existencia y hacia todos en su conjunto, y no algo que sientas hacia incidentes aislados en la vida.

Cuando sueltes tu pasado, el presente te tomará por sorpresa. La sociedad siempre te enseña a disfrutar del presente como pasado, nunca como presente. Te enseña a convertirlo todo en pasado para disfrutarlo luego.

He visto a la gente que se va de vacaciones; anda siempre por ahí con su cámara y su videocámara. En los lugares más pintorescos y hermosos, en lugar de disfrutar la naturaleza que les rodea, la gente se pelea con sus cámaras para captar todos los paisajes.

Luego regresan a sus hogares, se sientan en el sofá dentro de cuatro paredes y disfrutan del mismo paisaje a través de la cámara. Y les enseñarán las fotos a la familia y los amigos para contarles que han visitado los lugares que se ven en las fotos. ¡Pero lo cierto es que nunca disfrutaron de los sitios cuando estaban allí!

Disfrutas el presente tras convertirlo en un pasado. Por eso la gente dice: «Esa fue una época dorada». Pero cuando estaban viviendo esa época seguro que no la consideraron dorada. ¡En esos momentos hubieran dicho que la época dorada fue antes!

Cuando estás en el presente, cada momento se convierte en celebración y uno se dedica a rebuscar incidentes pasados que celebrar.

Además, examinar minuciosamente el pasado buscando preocupaciones es una pérdida de tiempo porque en cada momento te conviertes en una persona nueva. Evolucionas por momentos; te actualizas en cada momento. Eres parte de la Existencia y la Existencia cambia cada instante. ¿Cómo vas a diseccionar incidentes pasados con tu inteligencia actualizada? Es totalmente irrelevante y carece de sentido.

Nunca analices el pasado con una inteligencia actualizada. Intentarlo es una auténtica tontería. Solo provocará más preocupaciones y culpabilidad. Mueres en cada instante y te conviertes en una persona nueva. Esa es la verdad.

¿Alguna vez has visto a una vaca o un buey preocupados? ¿Has oído algo acerca de una planta preocupada? ¿Es que no viven sus vidas sin follones? ¿Por qué te preocupas entonces? Te digo que preocuparse es el hábito humano más infructuoso.

Las palabras son la unidad de preocupación

Todas las preocupaciones no son más que una colección de palabras en los idiomas que conocemos. Y provocan en nosotros mucha confusión y malentendidos. ¿Qué podemos hacer? Las palabras son la única forma de comunicación con la que el ser humano está familiarizado.

Siempre le digo a la gente: cuando digo algo lo entendéis como si hubiera dicho otra cosa. Y ahí es donde empieza el problema. Cada uno de nosotros lleva su propio diccionario e interpreta las palabras a su manera.

Una anécdota:

Un hombre le dijo a su esposa: «Se dice que para fabricar pinceles utilizan unos 5.000 camellos al año».

La esposa contestó: «¡Oh, Dios mío! ¿No es asombroso lo que llegan a conseguir que los animales hagan?».

El marido dijo algo y su esposa lo entendió de otra manera. Así es como nos relacionamos la mayoría. Por eso digo que las palabras provocan confusión. Por desgracia, son la única forma de comunicación conocida por el ser humano. Queda atrapado en palabras y más palabras.

Pues ya lo ves, las palabras siempre dan paso a más palabras. Pero hay un silencio o una brecha entre una palabra y la siguiente, un pequeño espacio imperceptible para nosotros. ¡Ese es el espacio del que debemos hacernos consciente! Ese es el espacio que contiene lo que hemos estado buscando.

Ese espacio, esa brecha, es tan microscópica que aunque pasemos por él todo el día, somos totalmente inconscientes de su existencia. Cuando hablo la audiencia queda absorta en mis palabras. A veces dejo largos espacios entre las palabras. Los dejo para que absorbas y presencies el silencio, que contiene lo que buscas. Pero no obstante, ¿qué sucede? En el momento en que dejo espacios empiezas a ponerte nervioso. Empiezas a remover tus cosas o a mirar alrededor y hablar, ¡volviendo a las palabras!

El verdadero silencio es el que está inundado de conciencia y de nada más. No se trata de que cierres la boca.

Ahora tu mente empezará a preguntar: «¿Cómo puedo detener esta cháchara interior y los pensamientos? ¿Cómo experimentar auténtico silencio?» ¡Ese pensamiento empezará a atormentarte ¡y se convertirá en otra preocupación!

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Intenta comprender que nunca dejarás de pensar. El pensamiento de que debes dejar de pensar ¡es otro pensamiento! Si te obligas a permanecer en silencio un segundo, ese silencio no será el silencio que queremos lograr: se tratará de un silencio forzado y muerto. El silencio que queremos lograr es un silencio vibrante y dichoso, el silencio de la Existencia.

¿Qué hay que hacer, pues? Simplemente observar la mente. Eso es todo. Ser un observador. No juzgues, no te resistas a ningún pensamiento. Obsérvalo con profunda gratitud como un don de Dios. Automáticamente llegará el silencio.

Tu conciencia aumentará y hará que te centres en ti mismo, aumentando el silencio interior. Cuando digo que aumentará el silencio, quiero decir que la cháchara interior disminuirá y pasarás a ser observador. Con ese incremente del silencio también aumentará tu atención y todo ello se convertirá en un proceso cíclico.

Con mayor conciencia, con más atención, podrás disfrutar de la belleza que te rodea. No es que la belleza vaya a aparecer de repente, ¡pues siempre ha estado ahí! Pero antes no eras consciente de ella. Estabas demasiado ocupado en ti mismo. Ahora, con tu conciencia ¡podrás celebrarla! De repente, la naturaleza empezará a revelársete como algo muy hermoso. Tu ser interior se transformará y con él, ¡el mundo externo también!

Cuando aprendes a ser consciente, puedes utilizar la mente como te convenga. Se convierte en una herramienta vital a tu disposición. Puedes utilizarla cuando lo desees. De ser un enemigo peligroso se convierte en un amigo de fiar.

Disminuye el número de pensamientos por segundo

Cuando se calma la charla interior, cuando tus PPS o Pensamientos Por Segundo disminuyen aunque solo sea una décima de segundo, durante esa décima de segundo dispones de la capacidad de acceder a tu pasado y futuro ¡como un libro abierto! Cuando tu parloteo interior es intenso, tu PPS es elevado y estás todo el tiempo en el pasado o en el futuro; nunca en el presente.

Permite que te explique lo que quiero decir con poder acceder a tu pasado y futuro. A veces tal vez hayas experimentado que cuando estás escuchando una charla o en una fiesta, o en cualquier otro lugar, de repente, como caído de la nada, sientes que todo eso ya ha sucedido antes. Las voces, la conversación, el lugar, incluso algunos objetos... Todo parece una repetición de una escena que ya presenciaras antes. Estás impactado.

O, de repente piensas en una persona en particular, en un amigo del que hace tiempo que no sabes nada, y esa persona te llama por teléfono. Has sido capaz de predecir lo que iba a suceder en los instantes siguientes. Ese tipo de cosas te sacuden. Pero ten claro lo siguiente: durante esos escasos momentos te hayas, accidental y totalmente en el presente. Accidentalmente, de algún modo, caes en el presente.

Nunca estás conscientemente en el presente. Siempre estás en el pasado o el futuro. Vas del pasado al futuro sin tocar el presente. Esa es la verdad. Pero accidentalmente tus pensamientos por segundo descienden durante un instante y te ves empujado al presente.

Cuando estás totalmente en el presente, aunque solo sea durante un segundo, tu pasado y futuro se te hacen transparentes. Por eso observas que te suceden ese tipo de cosas.

Nuestro pensamiento nunca está claro. No es más que asociación, nunca pensamiento real.

Deja que te explique qué quiero decir con asociación. Te despiertas por la mañana y ves que en el jardín ha florecido una rosa. Inmediatamente tu mente recuerda a alguien que te dio una rosa en el pasado. Tu pensamiento repasa a continuación tu reacción en aquel momento ante la flor, o bien empiezas a pensar en aquella persona. Luego empiezas a pensar en incidentes que te sucedieron con esa persona. ¿Qué ocurre al final? ¡Que te estás perdiendo la rosa que tienes delante!

Así es como corres tras el pasado y te pierdes el presente. Eso es que lo quiero decir con asociación de palabras. Esa es la naturaleza de tu actual configuración mental. Mientras tu configuración mental sea la mera asociación, continuarás corriendo tras el pasado o el futuro, creando palabras y más palabras en tu interior.

Los maestros iluminados siempre viven en el presente. Por eso tienen acceso al vasto océano del pasado y el futuro. Para ti, es un accidente. Te sucede durante una décima de segundo. ¡Pero te asustas! Estás tan acostumbrado a vivir de manera inconsciente que cuando te empujan a la conciencia, te supera. ¡La realidad te supera!

Tu PPS juega un importante papel a la hora de determinar lo lejos que estás del presente. Cuando el PPS es elevado, vives inconscientemente; estás muy lejos de la realidad. Cuando tu PPS es bajo, te acercas al presente. La meditación y la atención son la manera de hacer que el PPS descienda.

La gente me dice: «Swamiji, nos fuimos de vacaciones y fue un infierno». Y yo te digo: el infierno está en ti; tú lo llevas contigo a todas partes. ¡Obviamente lo hallarás allí donde vayas! Cuando estás vivo les haces la vida imposible a los demás. ¡Cuando mueres, te vas al infierno! Vayas donde vayas, te quieres llevar tu infierno contigo. Estás tan acostumbrado al infierno que incluso si te envían al cielo, ¡te sientes desplazado!

Una anécdota:

Tres pescaderas fueron a vender pescado un día y al regresar a casa se hizo de noche.

Decidieron pasar la noche en alguna casa por el camino.

Entraron en casa de una señora que vendía flores de jazmín para ganarse la vida y le pidieron que les dejase pasar la noche allí.

La mujer estuvo de acuerdo y las pescaderas fueron a dormir en la habitación que les dejaran.

La casa estaba llena de la fragancia de las flores de bambú.

Pero por mucho que lo intentaron, las pescaderas no pudieron dormir.

Daban vueltas y vueltas y no sabían qué hacer.

De repente, una de ellas se levantó, acercó la cesta del pescado vacía y la mantuvo junto a sus cabezas. ¡Se quedaron dormidas enseguida!

Llevamos nuestras preocupaciones con nosotros allá donde vamos y ¡nos sentimos cómodos alimentándolas! ¡Pero también nos quejamos de que siempre estamos preocupados! Queremos librarnos de algo pero no estamos dispuestos a transformarnos y liberarnos de ello. A eso es a lo que me refiero con lo de ser autocontradictorio. Si no queremos preocuparnos, entonces no debemos hacerlo. Por una parte no queremos preocuparnos pero por otra ¡no queremos dejar de hacerlo!

Deja de reaccionar

¿Cómo podemos liberarnos de eso? ¿Qué actitud debemos adoptar?

Ambas preguntas tienen una única respuesta: hagas lo que hagas, hazlo con una sensación de dicha, eso es todo. Tu espacio interior decide la cualidad de tu vida. Este espacio debería ser siempre puro y dichoso.

Se ha demostrado que la conciencia de un científico desempeña un importante papel en el experimento que lleva a cabo. Se ha observado que cuando ese mismo experimento se realiza en las mismas condiciones ambientales controladas produce resultados distintos cuando lo realizan científicos diferentes. Han demostrado claramente que los pensamientos de una persona controlan sus acciones y los resultados de las mismas.

La dicha atrae fortuna. Esa es una gran verdad. Cuando eres dichoso, automáticamente la Existencia te colma. La riqueza material llega a ti. Permanece siempre con una sensación de gratitud. El resto sucederá automáticamente.

No tienes más que decidir no sentirte desgraciado por nada. Si cualquier preocupación, culpabilidad o incidentes tristes te vienen en mente, obsérvalos, sonríe y di: «No, no voy a dejar que me afectes. ¿Qué vas a hacer?». Automáticamente, el incidente o sentimiento de culpa no tendrá efecto alguno en ti. ¿Vas a ganar algo dejando que te ataque? No. Pero mirándolo a la cara y diciéndole que no vas a permitir que te ataque, estás evitando la desdicha. No te digo que huyas del problema. Te estoy pidiendo que observes el problema y decidas conscientemente no reaccionar frente a él.

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Si intentas suprimir el pensamiento, este permanecerá acechando en la mente, en segundo plano, amenazando con regresar en cualquier momento. Así que permite que el pensamiento se manifieste. Obsérvalo y di que es impotente, y verás cómo se disuelve automáticamente.