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19. *Miedo a perder a seres queridos*

# *Miedo a perder a seres queridos*

Temes perder a alguien solo porque sientes que de alguna manera no has justificado la relación en tu vida. Sientes que no has entrado en ella plenamente, y por eso no estás listo para soltar. La separación física solo es un aspecto del miedo. La verdadera razón es la falta de satisfacción en la relación.

La palabra «justificación» entra en las relaciones porque siempre te han enseñado a vivir en favor de los demás, satisfaciendo sus necesidades y deseos. Y si no quieres nada de eso, entras en el ciclo de culpabilidad y miedo. Si solo vivieras plenamente, con una profunda visión de todo el juego de la sociedad, nunca te dejarías atrapar por esas compulsiones.

Puedes vivir con total satisfacción y no obstante no renunciar a nada de amor en las relaciones. Si vives plenamente, no en una relación tipo transacción, sino solo de pura energía amorosa hacia el otro, no habrá lugar para la culpabilidad o el miedo. Aunque esa persona fallezca, continuarás sintiendo amor por ella, sin temer ninguna separación.

La mayoría de las veces, las relaciones sufren a causa del persistente temor de perder al otro. Si analizas en profundidad el miedo en cualquier relación, comprenderás que como nuestras relaciones no son más que algún tipo de transacción, predomina ese tipo de miedo.

Entre el marido y la esposa existe el temor de que el otro pudiera empezar a buscar fuera de matrimonio. Entre madre e hijo existe el temor de que el hijo empiece a prestar más atención a la esposa que a la madre. Entre padre e hijo existe el temor de que el padre no transmita la herencia al hijo o que el hijo no pueda mantener el prestigio de la familia.

Por ello, en cualquier relación, existe un núcleo de expectativas que necesita ser satisfecho y mantenido, y eso es lo que da paso al miedo. Pero nunca es posible satisfacer ninguna relación de manera total. Cualquiera que intente satisfacer a toda su familia ¡se convertirá en un fracasado!

Comprende lo siguiente: el miedo siempre aprisiona, mientras que el amor siempre es liberador. Pero a menos que la sociedad te inculque miedo, no la escucharás y por ello te inculca miedo de todas las maneras posibles: inseguridad, reglas y normas, devoción, etc.

El miedo es lo que también toma la forma de los celos en las relaciones. El miedo es la base de la mayoría de nuestras acciones y emociones. Los celos, la rabia y la codicia son emociones enraizadas en el miedo. Pero no somos conscientes de ello. No sabemos que el miedo es el factor causante de todo ello. Ese es el problema. Por eso seguimos en la inopia respecto a nuestros patrones de comportamiento. Por eso las relaciones se tornan difíciles.

Comprende que el miedo y el amor nunca pueden coexistir. Si en una relación existe puro amor, el miedo nunca estará presente. Si hay miedo, lo que nunca existirá será un amor puro. En la relación existirá algún tipo de interés personal. En esa relación existirá algún propósito, algún objetivo, alguna expectativa de seguridad, codicia o ganancias. Por eso aparece el miedo.

En toda relación buscamos seguridad. Necesitamos cierta seguridad para acomodarnos. Lo cierto es que se trata de un tipo de confinamiento del que disfrutamos. La gente habla de libertad, pero te digo ¡que le tiene miedo! Solo les gusta el confinamiento. Se creen libres en el cómodo efecto amortiguador del confinamiento.

Una anécdota:

Un día, una niña le preguntó a su padre: «Papá, ¿qué significa la palabra "garantizado"?».

El padre contestó: «Significa que algo está bien hecho y que durará mucho tiempo».

Esa noche, antes de acostarse, la niña dijo en voz alta: «¡Buenas noches, padre garantizado!».

Todos nosotros buscamos seguridad continuamente en nuestras vidas. Pero decimos que lo que buscamos es libertad. Si de verdad queremos libertad, ¿por qué buscamos seguridad? ¿Por qué tenemos miedo? Mientras albergues miedo en ti, buscarás seguridad. Hasta entonces, solo puedes autoengañarte diciendo que quieres libertad.

Maestro es aquel que te lanza a la inseguridad absoluta de la vida. Es el único que te da total libertad. Por eso con él te sientes inseguro, tienes miedo. La libertad crea miedo.

Nunca te sentirás totalmente inseguro en tus otras relaciones porque siempre existe un tira y afloja de codicia, miedo y cólera que te mantiene bien asentado en los patrones familiares de relación. Pero con un maestro eres totalmente libre. Así que te asustas.

Una anécdota:

Un hombre estuvo 20 años en la prisión. El día de su liberación parecía muy preocupado y tenso. Su amigo de la prisión le preguntó: «¿Qué te pasa? ¿Por qué pareces tan preocupado?». El hombre contestó: «Estoy asustado. ¿Qué haré cuando salga?».

La prisión había creado un patrón de seguridad tan sólido para el hombre, ¡que no sabía qué haría al salir! Ese es el peligro de quedar atrapado en patrones de seguridad.

Un maestro nunca te ofrecerá la seguridad que buscas. Nunca te ofrecerá los patrones que buscas. Cuando no obtienes la seguridad que andas buscando, empiezas a crecer centrándote profundamente en ti mismo. Pierdes el miedo porque no tienes nada que perder. Y cuando sabes que no tienes nada que perder, dejas de tener miedo.

Para demostrarte que no tienes nada que perder, el maestro te lanza a una inseguridad total. A causa de su profunda compasión por ti, de su gran preocupación en tu desarrollo, no te ofrece seguridad. Cuando no hallas la seguridad mundana, ¡encuentras a Dios!

Todos tus miedos existen porque no acabas de tener claro que no hay nada que perder. Basta una experiencia cercana a la muerte para demostrarte que no hay nada que perder y que todos tus miedos carecen de fundamento. El maestro simplemente te lo hace comprender a su manera.

Así que no intentes escapar del maestro. Has de comprender que solo está aquí para mostrarte lo que realmente eres. Tu naturaleza inherente es intrépida. Te han ido inoculando miedo con el paso de los años. El maestro intenta romper las capas de condicionamiento con las que cargas. Si le permites trabajar en ti, con confianza y amor, presenciarás tu propia transformación.

Permite que te cuente una pequeña historia acerca de un Swami que conocí:

Este Swami solía tener cierto número de relojes en su habitación, ¡y cada uno de ellos marcaba una hora distinta!

Así que un día le pregunté sobre la cuestión.

Me contestó: «El tiempo no es mi dueño. ¡Yo soy el maestro! Cuando quiero que sea una hora, la elijo del reloj que la señala».

Este Swami ya había predicho que dejaría el cuerpo un día y a una hora en particular.

La víspera de su muerte, el Swami pidió a todos sus discípulos que se reuniesen a su alrededor y cantasen himnos.

Uno de ellos se mostraba algo arrogante acerca de sus capacidades musicales. Nunca cantó en esta ocasión.

Tal y como era la costumbre, el Swami escribió algo en un papel y se lo entregó.

El discípulo se sintió halagado, creyendo que era una petición para una canción en particular.

Pero cuando leyó la nota, vio que el Swami había escrito: «¡Por favor, no cantes tras mi muerte!».

¡Mantuvo el sentido del humor incluso en su lecho de muerte!

Esa misma noche, más tarde, instruyó a sus discípulos para que se ocupasen de los huérfanos que vivían en el ashram. Dijo: «Sobre todo mañana, cuando todos estaréis muy ocupados preparando mi cremación. ¡No os olvidéis de preparar la comida para los niños!».

Hasta el último minuto, su preocupación fue la gente que dejaba atrás.

A la mañana siguiente, exactamente a la hora que mencionara, juntó sus manos en un namaskar para todos y luego sus manos cayeron, simplemente como en una representación.

¡Qué manera más bella, tranquila y valiente de hacer frente a la muerte! Esa es la manera en que todos deberíamos ir hacia la muerte y la manera es que debemos considerar la muerte incluso cuando fallecen miembros de nuestra familia. Cuando lo comprendas, toda tu idea del miedo se disolverá lentamente, porque como dije, la base subyacente del miedo es la muerte en sí misma.

#### **P:** *Swamiji***, ¿se asocia con más frecuencia el miedo a la muerte con las mujeres?**

Los hombres están sobre todo atrapados en la lujuria y las mujeres en el miedo. El hecho es que ambos lo saben ¡y se explotan en consecuencia!

El hombre sabe exactamente cómo tocar el punto flojo de la mujer. Utilizará su inseguridad y miedo y la explotará. De igual manera, ¡la mujer conoce donde radica la clave para tratar con el hombre! Jugará a ese juego de manera apropiada y le explotará. Eso es lo que sucede todo el tiempo en los matrimonios.

De hecho, en las bodas hinduistas se toma un voto, por el que el hombre y la mujer se prometen que trabajarán para agotar el karma –acciones y deseos no satisfechos– del otro de manera delicada, sin acumular más karma en esta vida.

Pero en la actualidad, la gente ni siquiera es consciente de que están aceptando ese voto porque no son los que se casan. ¡Los sacerdotes son los que pronuncian todos los cantos y se casan!

Es un voto precioso. Hemos acumulado más que suficiente karma en nuestras vidas. Lo único que debería preocuparnos sería agotarlo al menos en este nacimiento, y alcanzar la liberación.

Si observas el drama del matrimonio desde fuera, comprenderás cómo la pareja crea karma entre sí.

Solo cuando lo observas desde fuera comprendes el juego tan tonto que tiene lugar. Siempre le digo a la gente que a los actores y actrices les resultaría muy fácil observar la vida como un juego, porque siempre están adoptando papeles y representándolos. Son los que más cerca están de observar la vida como una gran obra de teatro. El resto de nosotros estamos tan atrapados en nuestros papeles que se convierten en una sólida realidad para nosotros.

Miedo a cosas pequeñas

En primer lugar hay que entender que todos los miedos pequeños son meras proyecciones del miedo fundamental a la muerte. En segundo lugar, no te resistas al miedo que hay en ti. Repítete que estás asustado y pasa por él, ¡eso es todo! No tardarás en descubrir que el miedo ya no está allí porque has pasado por él. Empieza a hacer esto cada vez que sientas miedo.

Cuando trabajas conscientemente en ello comprendes que lo que llamas miedo no es más que tu respuesta o reacción a un incidente o pensamiento. Dependiendo de tu respuesta, demostrarás que tuviste miedo o no. Y con más y más conciencia, ¡podrás responder al miedo sin miedo!

Recuerda una cosa: nadie puede afirmar que carece de miedo. Uno puede aprender a manejar el miedo sin miedo, eso es todo. Si alguien proclama no tener miedo, habrás de saber que no ha analizado en profundidad el tema del miedo y la respuesta humana al mismo. No empieces a pensar que es alguien sobrehumano y que tú eres un ser humano inferior.

(Habla una chica) Swamiji, ¡recuerdo cómo me hizo superar el miedo a las arañas! Mientras hablábamos un día, pegué un salto cuando vi una araña, y usted se rió de mí por ello. Me dijo que meditase sobre la araña cada vez que viese una. Cada vez que la veo, la observo con conciencia y concentración. ¡Poco a poco empecé a preguntarme por qué les tenía miedo!

Sí, solo es cuestión de aportar conciencia a nuestros miedos. Entonces te preguntarás ¡qué era lo que te daba miedo!

También puedes sentarte a solas e imaginar que te sobrevienen tus miedos. Habrás de enfrentarte a ellos en tu imaginación con profunda conciencia y serenidad. Si sufres durante la visualización, no te preocupes. No los suprimas ni castigues. Si tu cuerpo tiembla de miedo, déjale que lo haga. Limítate a cooperar con él. Cualquier cosa que se vive por completo deja de tener efecto sobre ti. Todos tus miedos no son más que miedo de tus miedos, ¡eso es todo!

Una anécdota:

Un día, un discípulo se cayó al río.

Le aterraba poder perder la vida y gritó a su maestro que le salvase de ahogarse.

El maestro le dijo: «¡Ponte de pie!» .

El discípulo gritó: «¿Cómo puedo ponerme de pie? Me estoy ahogando».

El maestro dijo: «¿Es que no te he enseñado cómo ayudarte a ti mismo? ¡Ponte de pie!».

El discípulo dijo: «Maestro, me está usted predicando en este momento, en que estoy a punto de perder la vida».

«Te he dicho que te ponga de pie», insistió el maestro.

El discípulo estaba furioso ante la insistencia del maestro.

Así que simplemente se puso en pie. ¡El agua solo le llegaba a la rodilla!

Todos tus miedos no son más que miedo de tus miedos. Si te sacudes todos los miedos y permitas que emerja la inteligencia, descubrirás que tus miedos no son más que sombras de objetos que no existen.