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16. Hacer frente al miedo

# **Hacer frente al miedo**

¿Por qué debemos comprender la muerte?

Todos nuestros miedos son en realidad un miedo a la muerte que adopta distintos disfraces. Todo miedo está relacionado con el miedo a la muerte, pero de una manera indirecta. Como es indirecta no lo consideramos miedo a la muerte. Sin miedo, la palabra muerte en sí misma pierde el sentido que le hemos asociado.

Así pues, ¿qué es la muerte?

Me dirás: «La muerte es lo que sucede al final de nuestras vidas». ¡Qué fácil sería si la muerte solo fuera eso!

Pero la muerte no es algo que suceda al final de nuestras vidas. Es algo que sucede en cada momento de nuestras vidas. Cada uno de nuestros actos está inconscientemente relacionado con nuestra muerte, con el miedo a morir. La muerte cambia la propia cualidad de nuestra vida. No es el final; es el punto culminante de nuestras vidas, hacia el que está orientada toda la vida.

¿Por qué digo esto? Porque toda nuestra vida está controlada por nuestro concepto de la muerte. Incluso nuestra estructura social viene dictada por nuestro concepto de la muerte. De hecho, todas las grandes religiones y filosofías del mundo son producto del intento de responder a una pregunta: «¿Qué sucede tras la muerte?».

Intentar responder a esa pregunta ha dado pie a diversas soluciones vitales.

Las culturas que creen en una única vida, sin el concepto de reencarnación, han invertido todas sus energías en destacar en la vida. Han alcanzado la cima en términos de asimilación de información, de obtención de conocimiento y comodidades materiales.

Esas culturas han dado lugar a la ciencia. La ciencia nos ayuda a vivir la vida de manera óptima y a obtener lo máximo de esta vida.

Las culturas que creen en la reencarnación han dirigido la atención de su vida hacia el interior. Su búsqueda es distinta. No están motivadas para vivir la vida con prisas, porque les está garantizada la eternidad.

Puedes observarlo con claridad en el comportamiento de la gente. En la India, si un programa tiene previsto comenzar a las 6:00 en punto, puedes estar seguro de que no empezará antes de las 7:30, ¡porque la gente tiene la eternidad por delante!

Toda nuestra configuración mental, el curso de nuestras vidas, nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestra religión, todo, está basado en nuestra idea de la muerte. Hacemos todo lo posible para no pensar en la muerte, ¡pero ésta permea cada momento de nuestra vida!

Cuando comprendamos las profundidades, los secretos y el misterio de la muerte, comprenderemos los secretos de la vida. Hemos de resolver la muerte y ver que se trata de una mera continuidad en una forma diferente. De otro modo, nos perderemos la vida.

Si comprendemos que la muerte no es nada más que continuidad en otra forma, no la temeremos. Y cuando dejemos de temer la muerte, sabremos hasta qué punto nos hemos estado perdiendo la vida.

Damos la vida por sentada y vivimos de manera tan superficial que pasamos por alto muchos de sus aspectos. La muerte simplemente nos enseñará a contemplar la vida con más conciencia. La muerte es el más importante de los gurus.

Cuando queremos obtener convicción acerca de algo, podemos hacer dos cosas: podemos experimentar y comprobar por nosotros mismos qué es la verdad o bien podemos referirnos a alguien que ya haya obtenido esa experiencia. Ahora escucharemos una referencia de las Upanishads, las escrituras védicas de la antigua India.

La muerte es el maestro más importante

En una de las Upanishads, la Katopanishad, aparece un maravilloso diálogo que mantiene un niño con el Señor Yama, el Señor de la Muerte. En la mitología hinduista, la divinidad que preside sobre la muerte es el Señor Yama.

Había un famoso rey llamado Uchaishravas que de repente se vio poseído por un deseo de controlar todo el mundo y para ello llevó a cabo Vaajapeyayaga, una ofrenda de fuego que se realiza cuando alguien quiere gobernar el mundo entero. Según las reglas de esta ofrenda, uno ha de renunciar y ofrecer todas las cosas valiosas por las que siente un gran apego. Solo entonces puede alcanzarse la posición de señor del mundo.

Los reyes siempre son buenos negociantes. Han de serlo, de otro modo no podrían ser reyes y controlar tan vastas posesiones. Están pendientes de lo mínimo que pueden dar y de lo máximo que pueden obtener.

El rey empezó haciendo ofrendas de cosas como vacas que se encontraban en los últimos momentos de sus vidas, que ya habían sido ordeñadas todo lo posible en

su vida y que habían parido tantos terneritos como les había sido posible, estando ya a las puertas de la muerte.

Ofreció todo ese tipo de cosas ya sin valor.

Su hijo, Nachiketa, de unos 7 años de edad, observaba lo que ocurría.

Nachiketa es el héroe de esta historia.

Sabía que su padre no hacía lo adecuado pero no sabía cómo decírselo.

Ya sabes, los niños son muy listos e inteligentes. No puedes engañarlos. La sociedad todavía no les ha corrompido y condicionado.

Observaba cuidadosamente a su padre. Finalmente fue hacia él y dijo: «Padre, has de ofrecer todas tus posesiones más preciadas. Yo soy una de ellas. ¿A quién me vas a dar como ofrenda?».

El rey comprendió que su hijo le estaba lanzando una indirecta acerca de lo que estaba haciendo; pero su ego no le permitía renunciar.

Así que continuó con sus inútiles ofrendas.

El niño le volvió a hacer la misma pregunta y el rey permaneció en silencio.

En la tercera ocasión, el niño sacudió a su padre y le preguntó a quién planeaba ofrecerle.

El rey se enfadó mucho y soltó: «Te ofreceré al Señor Yama. Irás a parar a Yama».

Un niño ordinario habría dicho: «¿Por qué iba a ir con él? Tú ya has vivido tu vida, ¡así que vete tú!».

Pero Nachiketa era un niño muy sincero y dedicado.

La dedicación y la honradez le poseían como un fantasma.

Para respetar las palabras del padre, decidió irse en busca del Señor Yama.

Recuerda que la primera y última persona del planeta Tierra que fue al encuentro de Yama fue Nachiketa. Normalmente es Yama quien sale al encuentro de la gente, pero en esta primera ocasión, fue Nachiketa el que fue en busca de Yama.

Llegó a la morada de Yama, ¡pero éste no estaba!

Había salido.

Nachiketa esperó durante tres días.

Aquí es necesario que entiendas una cosa: en este momento de la historia se establece una gran verdad. Cuando vamos en busca de la muerte o tenemos el valor de enfrentarnos a ella, ¡la muerte no aparecerá tal y como la conocemos!

Sea como fuere, Yama regresó al cabo de tres días.

Sus sirvientes le contaron que le esperaba un niño.

Yama se apresuró para ver a Nachiketa.

Se disculpó por no haber estado para recibirle.

Además le dijo: «Por haberte hecho esperar durante tres días, te concederé tres deseos. Puedes pedir los tres deseos que quieras y te los concederé».

Para Nachiketa, ¡la muerte resultó ser un Dios que le concedía deseos!

Así que pidió tres deseos.

El primero fue: «Mi padre debería dejar de estar enojado. Debería reconocerme y recibirme con amor a mi regreso». Nachiketa pidió ese deseo a causa del profundo amor que sentía por su padre, para que éste no sufriera consecuencias por haber enviado a su hijo a la muerte.

Yama le concedió el deseo.

El segundo fue: «Instrúyeme en el sacrificio del fuego que conduce al cielo, pues allí no hay miedo, ni vejez ni muerte».

También se le concedió este deseo y Yama condujo a Nachiketa a través del sacrificio del fuego, que luego llamó Nachiketa Agni. Se trataba de un fuego que podía elevar la conciencia de uno hasta una experiencia celestial; una experiencia de placer.

El tercer deseo fue: «Por favor, enséñame la verdad de la Existencia, de la vida y la muerte. ¿Existe o no existe la muerte? ¡Dímelo, por favor!».

Yama se quedó de piedra ante la pregunta de Nachiketa.

Le dijo: «No me hagas esa pregunta, por favor. Me estás pidiendo que te revele el secreto de la muerte, que es algo que no puedo hacer. Si quieres te puedo conceder una riqueza inconmensurable, pero no me pidas eso, por favor». Pero Nachiketa insistió.

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Dijo: «Aunque aceptase toda esa riqueza que me ofreces, sería un mero usufructuario de tu riqueza durante 100 o 1.000 años, eso es todo. ¡Debería volver a tu morada una vez finalizado ese período! De modo que no me serviría de nada. Así que, por favor, dime el secreto de la muerte».

Yama observó la madurez y la decisión del muchacho de conocer la verdad.

Así que decidió ofrecer a Nachiketa la verdad. La experiencia por la que hizo pasar al niño se convirtió en la experiencia del alma para el chico y Nachiketa floreció y se iluminó.

Es una bella historia de las Upanishads. No analices si esta historia es real o no. No empieces buscando fechas e historias. Transmite la verdad... Con eso basta. Utilízala como una escala para alcanzar la verdad en lugar de apegarte a la escalera y pasar por alto la verdad.

¿Cuál es la diferencia entre una persona común y Nachiketa al encontrarse con Yama?

Cuando una persona común se encuentra con Yama, éste se le lleva la familia sin pedir permiso. Yama le arrebata todos sus placeres. Finalmente, le quita la misma vida. Todas las cosas que codicia, como familia, placeres y vida le son arrebatadas sin su consentimiento. Una persona común tampoco acude a Yama. Es Yama el que sale a su encuentro como un invitado indeseado. Pero Nachiketa fue a ver a Yama y éste le devolvió a su familia en el primer deseo concedido. Con el segundo, Yama le ofreció la experiencia de los placeres celestiales, y finalmente, en el tercero, Yama le concedió la iluminación.

En esta maravillosa historia hay que entender cuatro cosas. La primera es que cuando vamos en busca de la muerte, cuando nos enfrentamos a la muerte, esta no aparecerá como creamos que lo hará. Eso viene simbolizado por la ausencia de Yama cuando Nachiketa va a verle. La segunda es que aunque la muerte esté ahí, no es la cosa aterradora que creemos que es; es cariñosa y generosa. Es algo que puede observarse en la manera en que Yama recibe y habla con Nachiketa. La tercera cosa es que la muerte es nuestro maestro más importante. Por eso Yama enseñó a Nachiketa tantas cosas. La última es que la muerte puede ofrecernos el mejor de los regalos: la iluminación, ¡como hizo Yama!

Para la mayoría de nosotros, la vida nunca va más allá del miedo a la muerte. Vivimos y morimos entres los deseos y el miedo. Desconocemos otra manera de vivir. O bien no tenemos el valor para vivir de otra manera.

Antaño, la gente vivía sin la seguridad en la vida con que contamos en la actualidad. No existían vacunas contra enfermedades mortales. No había sistema de avisos previos basados en satélites en caso de desastres naturales, ni tampoco seguridades contra el hambre o las inundaciones. Por lo tanto, la gente estaba siempre mentalmente preparada para luchar, incluso para morir. Sobre todo la clase guerrera, que siempre debía estar dispuesta a morir.

Los guerreros samuráis del antiguo Japón sabían cómo hacer frente a la muerte serenamente.

Experiencia de muerte consciente

Todos vivimos en un constante temor a morir. Estamos dispuestos a escapar a cualquier precio. Consideramos la muerte como nuestro mayor enemigo.

Una anécdota sobre Sócrates, el filósofo griego:

A Sócrates le mataron obligándole a beber el jugo de la cicuta.

Antes de beber el veneno, uno de sus discípulos le preguntó: «Maestro, ¿no tiene miedo a morir? Parecen tan sereno».

Sócrates contestó: «¿Por qué debería tenerlo? Sé que después de la muerte solo pueden suceder dos cosas. O bien continuaré existiendo con otra forma o nombre, o dejaré de existir tras la muerte. En el primer caso, no hay nada de lo que preocuparse. En el segundo caso, ¿quién estará ahí para preocuparse? Así que sea como fuere, ¡no hay nada que temer!».

Sócrates no tenía miedo a la muerte simplemente porque poseía una clara comprensión de la muerte y de sus consecuencias. La muerte siempre se considera como una «discontinuidad», y esa es la razón por la que la gente sufre cuando ve a la muerte.

La muerte nunca es una discontinuidad. Es bien una continuidad en otra forma o simplemente liberación. Eso es todo. Cuando el ser humano lo comprenda, se dará cuenta de lo absurdo que es sufrir a cuenta de ello.

El ser humano está muy apegado a la forma física y esa es la razón por la que sufre tanto. El cuerpo es un mero vehículo para el alma. Hay que entenderlo claramente.

Aunque lo único que está claro en el planeta Tierra para el ser humano es la muerte, ¡cuando sucede siempre le pilla por sorpresa! Eso es lo más sorprendente acerca del ser humano.

Una anécdota:

Una mujer celebraba su centenario.

Toda la familia se hallaba presente para la ocasión.

Abrieron todos los regalos y leyeron todas las tarjetas que recibieran de la familia y los amigos.

Le enseñaron a la mujer una tarjeta enviada por una amiga de de 94 años.

La mujer chilló: «¡Dios mío! ¡Sigues viva!».

Somos capaces de aplicar la muerte a todo el mundo ¡excepto a nosotros mismos! Estamos preparados para todo en la vida excepto para nuestra propia muerte. La ironía radica en que todo en la vida es impredecible excepto la muerte. Lo único seguro en la vida es la muerte. ¡Pero lo último que quisiéramos saber es que acabaremos muriendo!

Bhagwan Ramana Maharshi, el maestro iluminado de la India, se iluminó a través de una experiencia consciente de muerte.

Cuando Ramana era un niño, un día se hallaba en la cama, en casa de su tío en Madurai, en el sur de la India.

¡De repente sintió que iba a morir! Sintió que le sobrevenía la muerte.

Tenía dos opciones: o resistirse a la sensación o aceptarla y dejarse ir.

Normalmente la gente se resiste, pasan a un coma y abandonan el cuerpo en un estado de inconsciencia.

El 99% de nosotros deja el cuerpo en un estado de inconsciencia.

Aunque sabemos desde el momento de nacer que nuestra vida culminará en la muerte, nunca intentamos visualizarla. Nunca tratamos de actualizar la posibilidad; nunca intentamos darle la bienvenida.

Si al menos pasases en una ocasión por esa experiencia con conciencia, perderías tu miedo automáticamente.

Ramana fue lo suficientemente valiente para elegir el segundo camino.

Cooperó con la sensación.

Permitió que la muerte sucediese. Decidió comprobar qué sucedería durante la muerte.

Observó morir claramente una a una todas las partes de su cuerpo.

Poco a poco todo su cuerpo acabó muerto. Vio su cuerpo convertido en cenizas.

De repente comprendió que tras todo eso quedaba algo; algo que no podía ser destruido. Repentinamente realizó que era pura conciencia, más allá de cuerpo y mente. ¡Era sencillamente testigo de su propia muerte!

Ese conocimiento fue tremendo y nunca le dejó, y cuando regresó a su cuerpo, era Bhagwan Ramana Maharshi, un maestro iluminado.

Cuando conquistas el miedo a la muerte, conquistas a la propia muerte, porque la muerte ¡solo es una imaginación más! Igual que nuestra codicia hace que imaginemos que el mundo es más bello de lo que realmente es, en este caso nuestro miedo nos hace imaginar que la muerte es más aterradora de lo que realmente es.

Llevamos puestas lentes de codicia y miedo, que no nos dejan ver la realidad. Cuando experimentas la muerte psicológicamente, liberas la energía que ha estado bloqueada en el chakra swadhishtana, el centro de energía del miedo, situado entre el muladhara y el manipuraka (el centro del ombligo). Cuando se activa este centro de energía, cambia toda la calidad de tu vida.

Gracias a tu capacidad para aceptar la muerte como simplemente una continuidad en otra forma, queda transformada tu capacidad de disfrutar la vida. Todo tu cuerpo se relaja; tu conciencia se expande; tu capacidad de vivir aumenta. Al comprender la muerte o el miedo a la muerte, tu vida será más rica; tal vez no a base de dinero, pero será rica. La riqueza es lo realmente importante en la vida.

Pero si te lo digo ahora no me creerás. Creerás que estoy hablando de cosas inviables.

Una anécdota:

A un hombre ciego de nacimiento, un médico le prometió una cura.

El médico le aseguró: «Tras esta operación ¡recuperará la vista! ¡Ya no necesitará más el bastón!».

Al escucharlo, el ciego tuvo miedo

Dijo: «Doctor, comprendo que recuperaré la visión. ¿Pero cómo podré caminar sin mi bastón?».

El bastón se había convertido en una parte tan integral del ciego que ni siquiera podía comprender ¡que podría andar sin él! ¿Cómo le puedes explicar a un ciego que una vez que recupere la vista dejará de necesitar el bastón? En ese momento está muy asustado. Así que todo lo que puedes hacer es llevar a cabo la operación y dejar que lo vea por sí mismo, eso es todo. ¡Tirará el bastón por su propia voluntad!

De la misma manera, aunque yo te diga que todos tus miedos son únicamente el miedo esencial a la muerte, y que tu ser es inmortal, que solo perece tu cuerpo, seguirás aferrado a tus propias ideas de miedo, porque no lo has experimentado.

Hasta que la muerte se convierta en una experiencia consciente, el miedo nunca te abandonará. Pero puedes hacer algo. Escucha repetidamente estas palabras. Desarrolla convicción en ellas. Intenta observar de qué manera tus miedos grandes y pequeños están en realidad relacionados con el miedo a morir. Aporta cierta claridad a todos tus miedos cotidianos. Observa lo interrelacionados que están todos tus miedos. Aporta conciencia a tus miedos. Así evolucionarás y te acercarás constantemente a la verdad.